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“Al Servicio Secreto De Su Majestad”: El primer ejercicio rupturista de EON Productions
Por Lucas Manuel Rodríguez*
La primera partida de Sean Connery en el papel de James Bond se había hecho realidad. Albert Broccoli y Harry Saltzman se negaban en dar por muerta a su saga cinematográfica debido a los descomunales ingresos monetarios que esta les aportaba, por lo que decidieron convocar a su elenco regular para asesorarlos en la ardua tarea de congeniar con el primer reemplazo actoral y la eventual reacción del público seguidor.
Del mercado publicitario al “star-system”
Después del estreno de Sólo Se Vive Dos Veces (1967) la EON Productions se había quedado sin su Bond original, pero las ganas de cumplir con su calendario y dar a luz a su sexta entrega para 1969 no menguaron. Todo se resumía en conseguir al actor indicado para sustituir a Connery. Tras la negación de Timothy Dalton por considerarse a sí mismo demasiado joven para interpretar al agente británico a sus 24 años de edad, los productores apostaron a la solicitud del australiano George Lazenby, quien sencillamente, a sus 29, siguió el consejo de su agente y amiga Maggie Abbott.
Algo que sorprendió a los medios de comunicación acerca de la selección del segundo 007 fue que el actor, además de haber sido modelo y vendedor de autos, jamás había actuado en su vida salvo en publicidades, siendo la del chocolate Big Fry’s de Cadbury la más conocida. A partir de ahí, la experiencia Lazenby desde el primer día de filmación de Al Servicio Secreto De Su Majestad (1969) fue conflictiva en mayor medida, como expresarían al año siguiente del estreno él y Peter R. Hunt, el director debutante de la franquicia: los productores tenían muy establecida su fórmula, lo que más querían era un imitador de Sean Connery y no una figura más humana y comprensiva para las audiencias (aspecto que más tarde sería muy bien recibido en las primeras participaciones de Dalton, Brosnan y Craig). Más abrupta fue la retirada de George Lazenby que, por más que la haya iniciado su asesor (Ronan O’Reilly) en un anuncio de prensa, él reconoció que fue voluntaria ya que también consideraba que 007 no tenía chances de sobrevivir a los valores anti-establishment postulados en Busco Mi Destino (Easy Rider, 1969). Nacía así el James Bond canónico más efímero de todos los tiempos.
Lazenby como si nada hubiera ocurrido
Ya desde su presentación, el nuevo Bond traza una relación que es cómplice con los espectadores, pero desigual con los habituales personajes secundarios. Cuando finaliza la primera secuencia, el actor rompe la cuarta pared al mirar a la cámara y decir “esto no le pasaba al otro sujeto”, refiriéndose claramente a Sean Connery. Desde ese momento, 007 trae a la mesa comportamientos que antes no tenía, tales como: amenazar a M (Bernard Lee) con renunciar a su puesto Doble Cero y visitarlo a su casa, besar a Moneypenny (Lois Maxwell) en los labios, e incluso ir a descansar en su oficina personal. A todo esto, los personajes actúan con total naturalidad, más que nada para provocar a quienes distinguimos desde la butaca que son situaciones para nada comunes en la saga. Valdría preguntarse si, aún con las caras conocidas, estamos ante un relanzamiento de los relatos fílmicos de Bond, pero los dispositivos de las películas anteriores que el espía guarda en su escritorio nos hacen pensar todo lo contrario, o al menos con algunos matices, en particular si hablamos de su villano principal.
Un (re)encuentro insuperado
En la película anterior se presenció el primer encuentro cara a cara entre James Bond y su némesis Ernst Stavro Blofeld, sin embargo, en esta vuelven a presentarse porque en la pre-producción se acordó respetar los parámetros de la novela homónima en los mejores escenarios posibles, y en la saga de Fleming Al Servicio Secreto De Su Majestad (1963) antecede a Sólo Se Vive Dos Veces (1964): contrario a la continuidad cinematográfica. Blofeld, ahora personificado por Telly Savalas, se propone desatar una Guerra Bacteriológica que daría infertilidad a los animales y las plantas del planeta (y consecuentemente a las personas), mediante la diseminación del Virus Omega desarrollado por su equipo científico en Piz Gloria, su fortaleza nevada en Suiza en forma de restaurante giratorio, que en la vida real se remodeló durante la filmación y se inauguró públicamente después de ella.
A destacar de este nuevo Blofeld, no es menor señalar que por el momento esta se mantiene como la única vez que el personaje sale físicamente al campo de batalla para dar caza a Bond, abriendo paso a las primeras persecuciones nevadas en 007 (filmadas brillantemente en tomas aéreas por el camarógrafo Johnny Jordan colgado de un arnés sujetado a un helicóptero). Además, esta vez SPECTRE, la organización criminal de Blofeld, para exportar el virus emplea dispositivos tecnológicos miniaturizados propios de la Sección Q, y que al mismo Boothroyd (Desmond Llewelyn) le fueron negados por M en la primera escena del film: se trata de perfumes y receptores de radio portados por distintas modelos internacionales conocidas como los “Ángeles de la Muerte”
La Condesa que me amó
Para la encarnación de la pareja del nuevo actor, los productores buscaron una actriz de renombre. Al igual que Honor Blackman (Goldfinger, 1964), Diana Rigg fue contratada por su desempeño en la serie de la ABC Los Vengadores (1961-1969), y décadas más tarde, en 1994, la Reina Isabel I la nombró Dama del Imperio Britanico por su trayectoria actoral en cine, teatro y televisión. En la actualidad se destaca como una de las Chicas Bond más queridas (aunque jamás de manera unánime), y por su interpretación como Lady Margaery Tyrell en Game Of Thrones (2011-2019). Este casteo no podía tomarse tan a la ligera ya que el personaje de la Condesa Tracy Di Vicenzo se distingue en la obra de Fleming como la mujer que eventualmente conquistó el corazón y el lado más sensible del espía británico, con un final trágico en la novela que se adaptó para este largometraje. Por esta cuestión el director solicitó una predominante pero sutil presencia de flores a lo largo de toda la puesta en escena de la película, ya sea como anticipo de una boda, un funeral o de ambos: ¿qué decisión se tomó al final? Sólo lo sabemos quienes la vimos.
La vida después de Bond
La carrera actoral de George Lazenby tuvo un despertar desfavorable en cuanto al reconocimiento de su persona, no tanto por vivir a la sombra del trabajo de Sean Connery, sino más bien, e inicialmente, por su relación con los encargados de marketing de su primera película que no le permitieron ir a la gira de prensa de los Estados Unidos porque él se había pasado un mes sin afeitarse. Cuenta el actor que asistió a su propia gira cuando pagó un pasaje de su bolsillo, golpeó las puertas de programas televisivos de allí (y de renombre internacional), y que a veces no lo reconocían. Nada de esto fue un obstáculo para el éxito comercial de la primera 007 que cambió la cara del personaje, y lo influyente que es y fue (tanto en materia acción, como por sus ingredientes dramáticos), ni tampoco resultó un quiebre en la relación entre Lazenby y Broccoli, quien le había ofrecido la oportunidad de superar a su antecesor cuantitativamente, y también, asegura el australiano, cualitativamente, si tan solo hubiera protagonizado algunas aventuras más de Bond.
Ficha Técnica:
Título original: On Her Majesty’s Secret Service. Año: 1969. Duración: 142 min. País: Reino Unido. Dirección: Peter R. Hunt. Guión: Richard Maibaum. Música: John Barry. Fotografía: Michael Reed. Edición: John Glen. Reparto: George Lazenby, Diana Rigg, Telly Savalas, Gabriele Ferzetti, Ilse Steppat, Lois Maxwell, Desmond Llewelyn, Bernard Lee. Productora: Eon Productions. Distribución: United Artists. Productores: Albert R. Broccoli, Harry Saltzman.
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Datos de producción extraídos del material extra y el audiocomentario del Blu-ray editado en 2012.
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*Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Quilmes. E-mail: [email protected].