“Ah, mierda.” las comisuras de sus labios se tuercen en una mueca extraña, una mezcla de diversión y confusión trazándose en su rostro tan pronto la decoración que sostiene entre sus manos se parte en dos. “Si tú no hablas, yo no hablo. Y si tú hablas, diré que fue tu culpa.” rápido en pensamiento, busca encontrar un cómplice en su travesura. ¿Y a quién elige para ello? A la pobre persona que ha aparecido en la escena del crimen, sin importarle en absoluto si ha sido testigo o no.








