Escucho las voces del verano, veo a la gente en la calle y de fondo se oyen niños. Hay mucho ambiente en la calle y en los bares. A estas horas hace la temperatura ideal para estar fuera. Normalmente noto el aire denso aquí, pero hoy me produce una sensación pura en el cuerpo. El día es claro, pero ajetreado. La noche es oscura y no lleva prisa.
Imagino un mundo donde están invertidos los horarios y las ciudades iluminan mejor sus calles, jugando con la luz lunar y también un poco con la oscuridad. Aún así el propio encanto de la noche es la soledad que desprende y llenarla sería quitarle su esencia.
Por el día, siempre hay obligaciones. La noche cada uno la vive como quiere en cierto modo, a excepción de cuando hay exámenes. Algunos duermen, otros salen de fiesta toda la noche, solos o acompañados otros la contemplan..., o una combinación de todo. A mi me gusta contemplarla y sentir como la oscuridad me llena de sueño y pensamientos. Se la puede escuchar también, como ahora mismo yo a los grillos. Cuando se comparte, está puede ser peligrosa porque la vulnera a una. Pero siempre merece la pena arriesgarse pues la fruta es muy dulce. Y es que con quien se comparte la noche se comparte también un poco de alma. Siento como ceden los bordes de esta si es que los tiene y dejan pasar lo que venga, y simultaneamente dejan escapar un suspiro que a donde tenga que llegar llegará. Cuanto más vulnerable se está, más se nutre uno. Es como quitarse el casco en la bici, muy de verano también eso. Suerte a todos en vuestras noches.














