Kyle inició su rutina como cualquier otro día.
Cualquier otro día en el que debía asumir su cargo como Rey y planear su estrategia en la guerra contra los Humanos. El problema era que, llevaba semanas realizando lo segundo y hasta para él era cansado. Por eso había decidido dejar ese día para entretenerse, pues lo más seguro era que regresando volvería a sumirse en la guerra.
Vistiendo sus ropas reales, dejo atrás el castillo. Su fiel caballero, Stan, le había pedido dejarlo acompañado pero Kyle decidió que no hacía falta, además necesitaba a su hombre de mayor confianza disponible si algún imprevisto se presentaba.
Luego de una cabalgata llegó hasta los bosques y al punto en donde solía cazar. Bajó de su caballo y alistó el arco que solía usar. Había dejado su cetro en el castillo, pues a pesar de ser una reliquia a la que estaba acostumbrado a usar, no dejaba de ser algo sumamente importante y algo que no podía llevar a las cacerías. Stan le insistió en cargar con una espada, con la suya específicamente, y Kyle tuvo que acceder.
Acomodó el estuche de la espada a su cintura, la verdad era que no era tan diestro con la espada, lo era más con el arco y bueno, con la magia. Empezó a recorrer los bosques, llevando de la montura a su caballo, hasta detenerse al escuchar ruidos. Llegó al lago en donde reposaban tranquilamente unas aves y empezó a disparar hacia ellas, acertando a dos de las cinco que ahí se encontraban.
Kyle se acercó a los cuerpos inmóviles de las aves para tomarlas y volver a su caballo, en donde las metió dentro de un saco. Tal vez con un poco de suerte podría encontrar un venado. Volvió sus pasos para adentrarse más en el bosque, atento de los ruidos que se producían a su alrededor. En eso, vio a un venado que se encontraba alimentándose. Al parecer si era su día de suerte. Preparó su arco con una nueva flecha, aguardando por el momento para disparar cuando un ruido asustó a dicha criatura que corrió enseguida lejos de su campo de visión. El Rey maldijo por lo bajo al perder a su presa, pero fue entonces cuando se dio cuenta de la amenaza que se presentaba ante él, un oso.
Comenzó a caminar lentamente hacía atrás, pero el ruido que hizo al pisar una rama seca alertó al gran animal. Dicho animal fue directamente hasta su dirección y Kyle sintió el terror. Claro, antes había cazado osos pero siempre lo hacía en compañía de Stan o de una cuadrilla de elfos, pues sabía que un solo hombre con un animal como un oso no tenía oportunidad.
Kyle estaba paralizado del miedo, y ni siquiera podría usar su cetro para invocar algún tipo de magia que pudiera ayudarle. Desenfundó la espada que llevaba en su cintura y la blandió enfrente del animal, quien lo tomo como una amenaza y se avalanzó contra él.
Hubiera sido mejor irse corriendo.
El monarca alcanzó a asestar un golpe, que lejos de hacer retroceder al animal, lo enfureció aún más. El segundo golpe que asestó no fue tan fuerte como el primero y finalmente, al tercero el animal estaba encima de él, siendo detenido únicamente por la espada del joven, que se encontraba dentro de los dientes del animal y siendo lo único que evitaba que le desgarrará la garganta. Kyle hacía uso de toda su fuerza para evitar esto, pero sabía que eventualmente desistiría.
Tenía que pensar rápido. ¿Tal vez si rodaba una vez que la espada desistiera? Todas sus ideas se veían dirigidas hacía el eventual fracaso. Maldijo un montón en su mente. No debió decirle a Stan que no lo acompañará. ¿Ahora como haría su Reino para combatir sin su Rey? Confiaba en Stan pero.. iban a perder a su Rey por su simple orgullo de no dejar ser acompañado.
Ya podía escuchar al fondo las risas que iba a tener el “Gran Mago” Cartman. Matado por un oso. ¡Ha! Al menos no iba a darle el placer de perecer ante la magia del contrario.