Parecía que era en el desayuno el único momento en el que podía reunirse con todos y, al menos en esto no ser apartada, a diferencia de todas las otras actividades que tenían. A pesar de ello, el sentimiento era el mismo todos los días, pero la compañía de Five y de Ben cuando no entrenaban la ponía de buen humor, parecían ser los únicos a los que no les importaba si ella era ordinaria, aun cuando los otros trataban de decir lo contrario, era evidente que no se llevaban muy bien.
Al percatarse que la llamaban debajo la mesa, observó fugazmente a su padre, luego observó a Five, y finalmente a la comida en su plato. Estiró la mano debajo de la mesa, tomando el papel y guardándolo en el bolsillo de su saco con cautela. Cuando el desayuno concluyó, todos se pusieron de pie, y se dispersaron por la casa, ella a penas llegó a la habitación de a lado, asegurándose de estar sola para leer.
Se presentó en el lugar citado en el papel, el cual aun llevaba con ella, sonrió ante el saludo de Five, correspondiendo sólo con la curva de sus labios.
—¿Mi opinión?—preguntó, todavía le parecía sorprendente cuando alguien le pedía la suya.—¿De qué se trata?—preguntó con curiosidad, dando los últimos pasos que le quedaban para llegar frente a él, y por supuesto, esperando a que entraran en su lugar secreto para recibir una respuesta.
Cuando estuvo frente suyo, el chico se movió para entrar a su lugar secreto, esperando para que ella hiciera lo mismo. Notó que llevaba el papel que le dió durante el desayuno, algo de cierta forma bastante lindo de su parte. Más, al escuchar sus preguntas y que estaba lista para ser su oyente, empezó. Primeramente asintió con un leve movimiento de cabeza, afirmando que de verdad quería su opinión. Necesitaba su opinión.
—Es sobre mis poderes.— Respondió. —Tú mejor que nadie has visto mi progreso. Los demás estarían ciegos si dicen que no lo han visto, aunque suelen estar más enfocados en el suyo. Bueno, exceptuando a Klaus, pareciera que él... solo quiere alentarlo.—
—Lo que no entiendo es porque padre está tan enfrascado en suprimir mi progreso. Habla con metáforas absurdas, afirmando que no estoy listo. ¡Claro que estoy listo! Tú misma lo has visto, Vanya. ¿Cuántos saltos increíbles y perfectos no he hecho esta semana?—
—Solo esta retrasándome...— Tomó un pequeño respiro, después de haber lanzado todo aquel desahogo del tema a la castaña. Cuando hablaba le era casi imposible no usar expresiones fuertes junto a un tono de voz del mismo tipo y uno que otro ademan para acompañarse, por lo que trató de reponer su compostura.
—Tú crees...¿tú crees que no estoy listo? Quiero enfrentarme a papá. Quiero demostrarle que puedo hacerlo.—