Me he vestido de otoño, mis hojas han mudado de color y muchas de ellas se han ido con el viento y el tiempo.
Mis cabellos se han tornado grises como las tardes que son tendencia en la tercer época del año y han perdido su brillo y luminosidad.
Mis huesos no son tan fuertes, mis sueños e ilusiones también han volado irremediablemente y me encuentro en esa etapa de la vida en donde a pesar de que ya no soy la de ayer, tampoco me quiero dar por vencida y me esfuerzo por alcanzar nobles ideales.
Me he forjado a base de batallas perdidas, de cicatrices en el alma y de corazones heridos. Me ha dado fuerza encontrarme con un sin fin de piedras en el camino, un montón de personas que mostraban mascaras en lugar de verdadera esencia y de situaciones que marcaron para siempre.
No es queja, por el contrario, todo me dio lecciones, me he ganado cierta sabiduría y mi inteligencia a caminado a pasos agigantados.
Agradezco lo que fui, lo que soy y lo que vendrá después. Amo lo que se quedó y lo que se fue lo bendigo con cariño.
Otoño de mi vida, te estoy viviendo y tengo expectativas contigo. Que Dios me bendiga y bendiga a quienes como yo, pasan por la tercera etapa de su vida.
Leregi Renga




















