En anteriores escritos me he referido a las amenazas y riesgos que tiene el patrimonio cultural frente a un turismo arrasador, por esto empezaré a plasmar mi opinión de cuál debería ser el camino a recorrer para crear un equilibrio y ser autosostenible. El sector cultura desde su nacimiento ha sido la cenicienta de los gobiernos, o mejor aún la forma fácil para cumplir ley de cuotas o minorías, el sector cultura invierte sus pocos recursos en el impulso de la cultura como eje de desarrollo, a través de las artes, el cine, bienes de interés culturales, manifestaciones de PCI, protección de las poblaciones, fomento de la lectura, formación en oficios tradicionales. Todas estas son herramientas eficientes para reconstruir el tejido social y disminuir las inequidades que por décadas han sido en Colombia el origen de los conflictos, la cultura podría ser el caballo de batalla en el postconflicto pero los recortes anuales a este sector son movidas de jaque muy cercanos al mate, para programas fundamentales para el desarrollo de este sector. Es necesario realizar un llamado a las instancias gubernamentales para que la asignación de recursos no solo se centre en infraestructura y cemento, mientras dejamos perder al ser humano, una política antropocentrista puede ser la salida para que la cultura no sea la cartera subvalorada. Una de las posibilidades podría ser trasladar al Ministerio de Cultura todo lo relacionado con el turismo cultural, es decir que sea cultura quién reciba las asignaciones que le son trasladadas al ministerio de Comercio, industria y turismo. Y así está cartera sea la encargada de verificar los estudios de carga turística en sectores ricos patrimonialmente, que armonice e impulse las demás manifestaciones de la cultura, enganchando a una sociedad hiperconectada, a través de una oferta turística enfocada en la cultura, cómo foco de desarrollo, un ejemplo claro de la mala gestión turística se ve a unos cuantos kilómetros de Bogotá, en el municipio de Zipaquirá, por esto lo utilizaré como ejemplo. Zipaquirá a parte de contar con uno de los 45 centros históricos cuenta con una de las maravillas de Colombia, no cuenta con una política turística que realce estos aspectos, sino que se concentra en la catedral de sal como único referente, haciendo de este municipio en un destino con un único atractivo, Zipaquirá debe aprovechar la visita de turistas nacionales e internacionales para crear una oferta turística cultural que permita crear experiencias en los visitantes, fortalecer sus teatros a través de la producción de industria teatral, muestras artesanales permanentes y la transformación de los museos como espacios vivos de la historia. Considero que este municipio como otros sitios solo buscan el crecimiento de la oferta hotelera sin repensar la política turística, puesto que el hecho de tener un único atractivo explotado, no necesita ese impacto hotelero. Mientras si el sector privado se involucra con dichos valores patrimoniales es una inversión ya que Zipaquirá tendría más experiencias para ofrecer a sus visitantes, realizando una articulación de los diferentes actores para alargar la estancia y ser una oferta que no afecte la sostenibilidad del patrimonio cultural.