La tribu blanca
22 de octubre 1538 (continuación)
Llegamos a una explanada libre de árboles. En su centro se erguía una enorme hoguera. No había nadie a la vista.
De pronto, frente a nosotros, surgió una figura alta y blanca. Se trataba de un hombre robusto, de rasgos finos y un cabello que parecía hecho de la plata más fina. Pero si algo resaltaba de aquel hombre eran sus ojos, rojos cual las llamas de la hoguera, como las del infierno mismo.
Nos quedamos paralizados ante la espectral visión. Instantes después, siluetas igual de blancas bajaban de las alturas, colgadas de cuerdas.
El miedo invadió nuestros cuerpos y por un momento temimos haber subestimado las advertencias.
¿No sabes de que va esto? Pues es parte de mi serie de cuentos Compendio sobre las islas perdidas del Pacífico. Lee la parte uno aquí.
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