¡No más violencia en los colegios!
¡No más violencia en los colegios! Es inadmisible que los ciudadanos de nuestra sociedad en su más tierna y decisiva edad, es decir, en su infancia y su adolescencia, estén sufriendo acoso, intolerancia y violencia.
El cinco de agosto se cumplirá un año desde que Sergio Urrego se quitó la vida después de ser discriminado y violentado psicologicamente por su orientación sexual en SU PROPIO COLEGIO. ¿Cómo es posible que una institución educativa no solo permita, sino que además fomente, este tipo de situaciones?
Es demasiado triste y decepcionante leer el caso de Sergio Urrego y pensar: “Me siento identificada”. Más triste aún, saber que no soy la única que se siente identificada. Miles de niños año tras año sufren en esos peligrosos colegios que viven de apariencias pero en realidad son una olla podrida.
¿Por qué le están generando sufrimiento y daño a nuestros jóvenes, nuestro futuro?
Afortunadamente mi caso no acabó en suicidio, sino en un feliz y justo a tiempo cambio de colegio. A diferencia de Sergio, fui “matoneada” por mi estrato socio-económico. Denunciemos a estos predios que se hacen llamar “instituciones para la educación”, pero que en realidad lo último que hacen, es enseñar.
Los rectores de este tipo de colegio deben sufrir algún tipo de desorden y aberración mental para obtener placer de ejercer una dictadura dentro de estos colegios, donde tanto estudiantes, como profesores y padres de familia viven bajo el sometimiento, el silencio y la represión.
Cuando en el colegio donde yo estudié se enteraron de que mi padre había entrado en la banca rota, sufrí persecución y hostigamiento liderado por las directivas del colegio, encabezado por la señora rectora. Lo peor del tipo de abusos que sufrí es que eran silenciosos, eran finamente calculados para ejercer abuso psicológico a través del abuso de poder. Uno no podía apuntar directamente y denunciar: “Es que me están haciendo esto”. No había ni evidencias ni culpables. Reinaba el silencio y la represión. Pero el abuso sí existía.
Para mencionar unos pocos ejemplos, frecuentemente me llamaban al frente de las demás estudiantes para informarme que no había pagado mi pensión, a pesar de que en mis siete años en ese colegio nunca pagué ni un sólo día atrasado. Aún tengo hasta los recibos como evidencia.
También constantemente calificaban mis tareas y evaluaciones con insuficiente, a pesar de haber sacado una nota excelente. Claro, luego hacía el reclamo y cambiaban la nota. Pero esa era la forma fina de esconder el abuso psicológico, todo detrás de un constante: “Perdón, tan sólo fue un error”.
Además de eso, influenciaban a los padres de mis compañeras para decirles a ellos que sus hijas no se debían juntar conmigo porque yo no era de “buena familia”, a tal punto que en los recreos me tocaba sentarme sola. Y así, podría enumerar muchos más abusos…
Eso sin mencionar las persecuciones que sufrieron otras compañeras mias y otras irregularidades del predio educativo. Discriminación por religión, raza y otros. Listas de útiles absurdas, pagos de bonos “voluntarios” y personal no apto para la enseñanza. La rectora de mi colegio frecuentemente también hacia referencia a sus dos hijos abogados con un tono de “atrévase a meterse conmigo y sale perdiendo”.
Incluso, en algún momento unos profesores nuevos se dieron cuenta de lo que estaba ocurriendo e intentaron entablar una denuncia. No recuerdo detalles porque estaba muy pequeña, pero al parecer no tuvieron éxito por falta de apoyo, ya que otro problema de este tipo de colegios es que le venden la idea a los padres de familia de que “este colegio es lo mejor, además, ¿dónde más van a matricular su hijo? ni se le ocurra arriesgar a perder el cupo aquí”.
Estos colegios están ejerciendo abuso del poder. El abuso no es sólo físico, el abuso también puede ser psicológico. Si ve que algo así esta ocurriendo, ¡no se quede callado! ¡no se deje manipular! La etapa del colegio que debería ser llena de alegría y amor están siendo absorbidas por este tipo de ollas podridas.
Congratulo a todos aquellos que están levantando su voz y denunciando lo que está ocurriendo. Ojalá este tema llegué a tener la gran importancia que merece, para que así generemos cambio en nuestros colegios. ¡No pueden seguir existiendo más ollas podridas!
(Nota: Esta entrada ya la había publicado, pero la estoy migrando de blog.)