Le habĂan dicho que no debĂa meterse con aquellas personas, aĂşn asĂ hizo caso omiso y se arriesgo. Ahora habĂa puesto en peligro a la persona que se encontraba a unos pasos de Ă©l.“Solo mátame a  mĂ” Intentaba levantarse pero estaba muy lastimado para hacerlo. MirĂł hacĂa atrás de Ă©l donde se observaba la chica. “Ella no hizo nada, dĂ©jala ir” Su voz estaba dĂ©bil, pero harĂa lo que sea para mantenerla a salvo. SabĂa que su muerte ya estaba escrita aĂşn asĂ, darĂa lo poco que le quedaba. SintiĂł como lo elevaron y arrojaron junto a la chica. SintiĂł punzadas de dolor y con sus manos tomo el rostro de la chica. “Lo siento, por favor no me odies. Ha sido mi culpa” Vio como las personas se iban y uno de ellos tiraba gasolina en el lugar. Los quemarĂan vivos, el no podĂa moverse, mientras que a ella la tenĂan con sogas. Cosa que le darĂa ventaja a la chica si Ă©l las desataba. “No morirás, lo prometo” Su rostro mostraba desesperaciĂłn pero intentaba mantenerse calmado para no asustarla.
El dolor ya no era corporal. Era peor el sĂłlo hecho de pensar que ya no quedaba tiempo para nada. Los mafiosos los habĂan atrapado a ambos. A Ă©l por meterse directamente con ellos y a ella por tratar de perseguir al chico y evitar que se metiera en problemas. ÂżLa razĂłn? Nunca iba a saberla, morirĂa con ese secreto en su interior. La gasolina esparcida alrededor de los chicos despertaba un aroma que ya no sabĂa interesante, era aterrador. A pesar de tenerlo frente a ella y de escuchar su voz, el llanto empañaba sus ojos y quebraba su garganta como para que no pudiera emitir palabra alguna. Sus muñecas estaban terriblemente dañadas a raĂz del forcejeo para zafarse de las sogas que la mantenĂan cautiva e incapaz de moverse. No querĂa morir, tampoco deseaba que Ă©l sufriera, pero lamentablemente, parecĂa que su destino ya estaba escrito. "No quiero morir aquĂ... Por favor, no dejes que me muera" rogĂł fijando sus ojos en los del chico, buscando algĂşn rastro de esperanza.