#ElEspejo
¿Otra vez pensando en él?
No es eso, es…
Dime ¿qué es lo que pasa?
Nada, sigo preocupada.
Me voy, estás insoportable
Paulina se queda callada hasta que siente que la puerta del apartamento se abre. No quiere dejarla ir.
Amor, espera, vamos a almorzar.
Paulina le agarra la mano y la tira hacia su cuerpo, quiere besarla, pero Julieta se resiste.
No puedo más con esto, Pau. Tú sabes que te amo, pero esto no…
Ven, no seas celosa, no sé cómo decírtelo, Jaime es como un hijo, entre los dos ya no hay nada, simplemente estoy preocupada por él. Ya van tres meses, entiéndeme.
Julieta baja la mirada, observa las uñas de Paulina y le dice que si quiere un masaje en los pies.
Vamos a almorzar primero, caminemos, luego nos damos masajitos.
Paulina camina de nuevo a la habitación y en la esquina, al lado del perchero, un espejo oxidado, recuperado por un amigo artista que cambió la cocaína y el alcohol por la fabricación de muebles, le muestra a una Julieta inquieta, insegura. Ese gesto que observa en la cara de ella la preocupa, siente que la ha perdido.
Juli, voy a vender este espejo.
¿El espejo de tu abue? ¿por qué?
Ya no me dice la verdad, necesito el dinero, ya no lo quiero acá.
Yo te ayudo a venderlo, pero considéralo, esas cosas no se venden, es la energía de él, recuerda cuánto lo amabas, bueno, lo amas.
Juli, pregúntale a tu tía si lo quiere. Voy a ponerlo en internet, almorcemos en el parque, ¿quieres sanduchitos con salsa de aceituna? ¿Preparamos ese paté con hongos y ciruelas?
Paulina sabía que a Julieta le fascinaba ese plan, hablar las dos solas, sin la interferencia de un tercero. Comer, callar, respirar.
Bueno, llevemos un vino, pero a las tres debo estar en el apartamento, tengo una cita con el editor, no está contento con mis dos últimas columnas, dice que insisto mucho en el tema de la banalización, que eso aburre a los lectores, me dijo terca ¿terca yo?
Sí, eres terca, yo también te lo he dicho, eso me gusta de ti.
Bah, Javier también lo dice, si les incomoda tanto, aprendan a quererme así.
No me hables de Javier, Julieta
No, sí te hablo de Javier, lo voy a dejar, ya no puedo más con esto.
Paulina vuelve al silencio, decide dejar el brassiere y se pone una camiseta con un logotipo de una marca deportiva. La sudadera le ajusta la cintura, pero le permite estar tranquila con el dolor de colon que ha sabido adormecer con una pastillas y un tea. Piensa que no se va a ver gorda, que no importa si la miran o no la miran, hoy no quiere ser de nadie. Su cabeza está con Jaime, su corazón está con Julieta.
“Vamos al trabajo, a mí no me da pena, yo crecí tomando aguadepanela”
Aló
Aló ¿Paulina Viterbo?.
¿Quién es? Le pregunta Julieta
Buenos días, sí, soy Paulina ¿quién habla?
¿Quién es? Insiste
Paulina la mira y le dice sin voz… “ya te cuento”.
Julieta está celosa, ese ringtone de Bomba Estéreo es nuevo.
Señorita Paulina, tenemos un mensaje para usted. Se trata de Jaime, el periodista. La esperamos mañana a las nueve de la mañana en el Parque Nacional. Vaya sola.
¿Quién es usted? ¿cómo está Jaime? Aló, aló….
¿Por fin apareció?
No, me dijeron que tienen algo que contarme sobre él, es muy raro, era una voz muy amenazante, tranquila, pero enfática. ¡Lo mataron!
No Pau, no pienses así, no lo mataron
¡Lo secuestraron!
No, no Pauli, mi amor, nooo, debe ser una broma. Llama ya
No aparece el número.
Vamos, salgamos de acá, vamos a la policía
No, voy a ir, Jaime me dijo que se iba a comunicar conmigo, tal vez me dejó un mensaje con alguien. Me dijeron que vaya sola… lo secuestraron, ¿dónde está? ¿Me acompañas?
Sí, vamos, yo llego antes y llegas tú como si llegaras sola.
Las dos se abrazan y en el reflejo del espejo, el amor ha vuelto a verlas. Paulina no se ve reflejada hasta que abre los ojos para decirle que la ama.
Verse con ella le ayuda a calmar la angustia.
Con los ojos cerrados, ambas suspiran como dándose el aliento desde el pecho. En esto están juntas, su energía es una. Un toma mi aire y dame el tuyo las confunde.
Esta historia continuará el próximo domingo diez y seis de septiembre.












