Las hojas de los árboles ya empezaban a caer y a decorar el suelo con sus colores otoñales, y aunque el sol seguía fuera cuando Andrew entró en el pub a las 8:07 de la tarde, hacía algo de frío. Las 8 era una buena hora para tomar unas cervezas tranquilamente en el pub. Aún no había mucha gente, pero sí la suficiente para pasar desapercibido. Luke probablemente aún no había llegado. Andrew llegaba tarde, pero siempre podía contar con que Luke llegase cinco minutos más tarde que él, así que todo estaba bien. Entró con el móvil en la mano: siempre tenía un centenar de notificaciones, aunque ignoraba la mayoría.
Se sentó en una de las mesas que hacían esquina y pidió su primera pinta mientras esperaba a su amigo. Hacía cuatro meses que no se veían, pero era así como funcionaba su extraña amistad. Quedaban muy de vez en cuando, hablaban sobre deporte, sobre coches, a veces sobre sus vidas, sin profundizar demasiado. Siempre se producía entre ellos un intercambio de alguna forma: en esa ocasión Luke le había pedido algo de maría.