«𝓓𝓲𝓪𝓵𝓸𝓰𝓸𝓼 𝓭𝓮 𝓐𝓶𝓸𝓻» • 𝓛𝓮𝓸𝓷 𝓗𝓮𝓫𝓻𝓮𝓸 [Diálogos de amor, León Hebreo]
❝SOPHÍA. —Paréceme que casi entiendo esa diferencia que haces en la naturaleza del anima; pero si hallases algún buen ejemplo para mejor aquietarme el ánimo, sería agradable. PHILÓN. —¿Cuál ejemplo hay mejor que el de los dos príncipes celestiales, que el inmenso Criador hizo simulacros del entendimiento y del ánimo? SOPHÍA. —¿Quiénes son? PHILÓN. —Las dos lumbreras, la grande que hace día y la pequeña que sirve de noche. SOPHÍA. —¿Quieres decir el sol y la luna? PHILÓN. —Ellos. SOPHÍA. —¿Qué tienen que ver con el entendimiento y el ánima? PHILÓN. —El sol es simulacro del entendimiento divino, del cual depende todo entendimiento; y la luna es semejanza del ánima del mundo, de la cual procede toda ánima. SOPHÍA. —¿De qué manera? PHILÓN. —Bien sabes que el mundo criado se divide en corporal y espiritual; esto es, incorpóreo. SOPHÍA. —Bien sé eso. PHILÓN. —Y sabes que el mundo corpóreo es sensible y el incorpóreo inteligible. SOPHÍA. —También sé eso. PHILÓN. —Pues debes saber que, entre los cinco sentidos, sólo la vista ocular es la que hace al mundo corpóreo ser sensible, así como la vista intelectual hace ser al incorpóreo inteligible. SOPHÍA. —Y los otros cuatro sentidos: oído, tacto, sabor y olor, ¿para qué son? PHILÓN. —La vista sola es el conocimiento de todos los cuerpos: el oído ayuda al conocimiento de las cosas, no tomándolo de las mismas cosas, como el ojo, si no tomándolo de otro conociente, mediante la lengua: la cual o las ha conocido por la vista, o entendido del que las ha visto. De manera que el antecesor del oído es la vista, y comúnmente el oído supone el ojo como origen principal para el conocimiento intelectual. Los otros tres sentidos son todos corporales, hechos más ahína para el conocimiento y uso de las cosas necesarias a la sustentación del animal, que para el conocimiento intelectual.❞















