Redirección
Este sitio al que solía sentir tan acogedor como mi hogar, ya no me resulta placentero. Creo que los fuertes vientos acompañados de los años, hicieron estragos en la superficie. Aunque las paredes y los techos se están viniendo abajo permanecemos enteros, pero el espacio es agobiante ¿Habías notado antes que este lugar era tan asfixiante? Sólo nos queda marcharnos. Pese a los males que vivimos allí, hubiera sido lindo despedirnos de una forma más afectiva, ¿no lo crees? Quizás ponerle flores en la entrada, acariciar sus paredes, cantarle alguna canción de despedida o sencillamente darle las gracias por habernos cubierto de las tempestades, del frío agobiante y de los depredadores nocturnos, pero entonces añoraría sus grietas y los recuerdos postergarían la partida. Sin intenciones de desprestigiarla, pienso, es sólo un montón de polvo acumulado. No puedo negar que fue bueno en su momento, pero la realidad es que ya no nos sirve. Supongo que por más que en las profundidades del corazón los estantes se sacuden, no podemos vivir aferrados a la nostalgia mientras los cimientos se desmoronan enfrente nuestro. Debo admitirlo, no estaba muy segura al principio, pero la vocecita (esa que siempre dulcemente me guía), volvió a ser constante, rotunda, directa. No tengo idea hacía donde me dirijo pero mientras la voz suena, se que voy bien, vamos bien...







