CAPÍTULO 10: LAS INICIALES EN EL ÁRBOL
NARRA HARRY:
Ella tenía una sonrisa de oreja a oreja. Era obvio que recordaba ese bosque, pero quería asegurarme.
-Entonces… ya veo que lo recuerdas.-dije sonriente
-¿Bromeas? ¡Nunca lo olvidaría!
-Lo sé, yo tampoco lo haría. Vivimos tantos momentos aquí.
-Empezando por la primera vez que me trajiste-dijo ella riendo
-Te prometo que no volveré a perderme, creo que ya he venido suficientes veces como para saberme el camino de regreso.
-Eso espero. Esa vez me dio un resfriado horrible porque no traía nada abrigador.
-Tampoco hoy-dije mirándola de arriba abajo
-Lo sé, pero estoy confiando en ti y en que volveremos temprano a casa.
-¿Qué tal si no?, ¿qué tal si quiero secuestrarte y nunca volvemos?
-Estás loco, Harry.
-No suena mal la idea, ¿o sí? Podríamos quedarnos aquí y olvidarnos del mundo, sólo tú y yo. Envejecer juntos.
-Podría ser, o tal vez podríamos morir de hambre y frío aquí. Sí, creo que tampoco suena mal-dijo ella sarcásticamente
Comenzó a caminar lentamente alrededor de los árboles, hasta que se detuvo frente a uno. Yo no podía dejar de mirarla.
-Si me tomas una foto creo que te durará más-dijo ella riendo-¿vas a ayudarme o te quedarás parado viéndome?
Le sonreí y caminé hasta donde estaba ella para ayudarla a subir al árbol. Cuando se acomodó en una rama que estaba, digamos “estable”, yo comencé a subir y me sujeté de otra rama para poder quedar cerca de ella.
-¿Tienes idea de hace cuánto tiempo no me subía a un árbol?-le pregunté cuando estuve arriba
-Me imagino que mucho.
-Demasiado. Si caigo y me lastimo pesará en tu conciencia.
-Descuida, creo que puedo con eso.
Ella soltó una pequeña risa y yo me uní a ella.
-¿Sientes eso?-me preguntó ella después de un minuto en silencio
-¿Qué?
-El aire fresco y puro entrando a tus pulmones.
-¡Ah! ¡Sí, claro!
Creo que ella no era consciente de que su perfume era lo único que mi sentido del olfato percibía, pero preferí decirle que sí sentía lo del aire.
-_____, ¿te puedo decir algo y no te enojas?
-Depende que tan malo sea.
-Bueno, no es malo… bueno sí, bueno no tanto… depende de cómo lo tomes tú.
-Harry, sólo dime.
Ella parecía divertida con mi complicación.
-La verdad nunca he entendido por qué te gusta tanto estar en “contacto directo con la naturaleza”
Soltó una carcajada y no pude evitar mirarla confundido.
-¿Era eso lo que ibas a decirme?
-Sí…
-No es tan malo. Imaginé lo peor con tu pregunta-guardó silencio por un minuto y luego continuó-bueno, no es tan complicado. Me siento tranquila cuando estoy cerca de árboles y flores, puedo pensar, me siento libre.
Una respuesta aceptable. Yo la entendía, es así como yo me siento siempre que conduzco mi motocicleta.
Se hizo otra vez el silencio entre nosotros, pero no me molestaba. Podía observarla detenidamente durante esos periodos de tiempo.
-Princesa, ¿cómo está tu familia? Casi no has hablado de ella.
Algo en mi interior me dijo que había hecho mal en preguntar, pero bueno… ya lo había hecho.
Ella soltó un suspiro y sus ojos se cerraron lentamente.
-Mis papás se separaron hace casi dos años. Mi mamá se fue a vivir con mi abuela… mi hermana se fue con ella. Mi papá estuvo tan concentrado en sus negocios que descuido la familia y mi mamá se hartó. Mi hermana trató de soportar el mal humor de mi mamá, pero no pudo y se fue a mi departamento hace casi un año… yo vivía con mi tía en la capital ya que quedaba cerca del negocio que pusimos y ahora mi hermana se quedó con ella.
-Mmm… lo siento.
-No importa ya.
-¿Por eso volviste a Londres?
-Sí. Me cansé de las constantes llamadas de mi madre quejándose de los problemas que tuvo con mi padre hace años y de las llamadas de mi papá tratando de hacerme entender que la que estaba mal era mamá. Me cansé de que ambos quisieran que yo tomara partido en esas discusiones y que no se dieran cuenta que era a mi hermana a quien estaban afectando.
-Me imagino que fue difícil.
-Mucho.
De verdad no sabía que decirle.
-Bueno, ¿por qué no me cuentas un poco de los negocios que abriste con tu tía y tu hermano?
-Sólo fue uno.
-Pero me imagino que les ha ido bien, ¿o me equivoco?
-No, no te equivocas. Nos ha ido bastante bien. ¿Recuerdas que hace tiempo te conté que mi hermana quería ser…?
-Diseñadora de modas. Claro que lo recuerdo.
-Bueno, pues nosotros tres decidimos que mientras Valeria terminaba la escuela nosotros comenzaríamos a poner esa empresa y ella nos ayudaría.
-¿No está algo chica?
-Tiene 16, es perfecto. Yo tenía casi 18 cuando comenzamos a trabajar en eso.
-Bueno y ¿qué tal van con eso entonces?
-Muy bien. Mi hermana nos ayuda con los diseños de la ropa. Mi hermano se encarga de las negociaciones, mi tía de todo lo relacionado con las finanzas y yo de la publicidad. Es increíble. De hecho mi tía está pensando en venirse a Londres también. Dice que sería bueno que se viniera y comenzar a traer la línea de ropa que está empezando a diseñar Vale. Tendrá 16, pero de verdad es maravillosa.
Seguimos platicando un buen rato en ese árbol… hasta que nos cansamos y quisimos bajarnos.
-Fue divertido platicar sobre el árbol-dije riendo
-Lo sé, siempre me ha gustado-dijo ella mientras se acercaba un poco más al río
La seguí y me detuve unos pasos lejos de ella.
-¿Sabes qué me gustaría hacer?-me preguntó mientras una sonrisa traviesa se dibujaba en su rostro.
-¿Qué?
-Esto.
Me lanzó una mirada fugaz y se agachó rápidamente. Con su mano salpicó agua sobre mí.
-¡No! ¡Eso sí que no!-dije riendo
-¡Oh sí, eso sí!
Comencé a caminar hacia ella, pero en cuanto di el primer paso ella comenzó a correr para alejarse más.
-¿Con qué a eso quieres jugar? Sólo que no se te olvide que soy más rápido que tú.
No me dijo nada, sólo soltó una carcajada.
Corríamos como dos niños pequeños hasta que la atrapé y su cuerpo quedó entre el mío y un árbol con una gran tronco.
-Y ahora… ¿qué voy a hacer contigo?
-¡Que exagerado eres Harry, sólo fueron unas gotitas!
-No, no, no. Hasta el crimen más insignificante debe pagarse.
Coloqué una de mis manos en su cintura y la otra sobre el tronco del árbol mientras la miraba directamente a los ojos. Estaba dispuesto a besarla cuando la mano que había colocado sobre el tronco sintió algo, no era la corteza normal, algo había. Moví lentamente mis dedos y pude notar algo dibujado sobre el tronco, después aparté mi mirada de la suya y la dirigí al árbol.
Efectivamente, había algo más. Sonreí como un idiota al verlo. Ahí seguía. El corazón con nuestras iniciales que habíamos grabado hace 6 años cuando le pedí que fuera mi novia justo en este mismo bosque.
-_____, mira esto.
Con mi mano que aún sujetaba su cintura la aparté delicadamente del árbol y la pegué al costado de mi cuerpo para poder abrazarla.
-¡No puedo creerlo! ¡Sigue grabado!
-Sí, y no se borrará… no mientras tú y yo estemos aquí para asegurarnos de que no se borre. Princesa, todo es como la primera vez. Lo que siento por ti no ha cambiado, te sigo amando como hace 6 años. Yo sé que me dijiste que cambiamos, pero no es así. Tú y yo seguimos siendo los mismos, me convenzo más de eso siempre que te veo a los ojos, siempre que te ríes de mis bromas infantiles y mis chistes no graciosos, siempre que te tomo de la mano, siempre que te abrazo, siempre que platicamos y nos olvidamos del mundo. Todo es igual.
Volví a encerrarla entre mi cuerpo y el árbol y, sin rodeos, la besé.
Este beso me convencía aún más de que lo que le acababa de decir era cierto. Nuestros labios se entendían a la perfección, se movían a un ritmo impresionante y parecía que lo hacían solos.
Ella jugaba con mi pelo y acariciaba mi mejilla y yo, bueno, le iba a facilitar las cosas, ya que no creo que pararse de puntas sea muy cómodo cuando besas a alguien que no está dispuesto a soltarte en un buen rato. La ayudé. La abracé por la cintura y la levanté. Ella entendió a la primera lo que yo quería así que enredó sus piernas alrededor de mi cintura.
No nos deteníamos más que para tomar aire y después continuábamos con lo nuestro.
Esos besos eran perfectos. Eran dulces, salvajes, derramaban amor y bueno… si ella no me detenía pronto yo no lo haría. Si ella no me detenía terminaríamos reviviendo la noche de su cumpleaños 17.








