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“Two roads diverged in a wood and I – I took the one less traveled by, and that has made all the difference.”
My single Ziphelelephi also available for download at www.kasimp3.co.za, www.DarwinBeats.com and SoundCloud. Please look for LadySam_Ziphelelephi download and comment on the song.

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Lady Sam Ngwetsheni
.:-Imprudencias-:.
mxdnight-howlings
AmbientaciĂłn:Â
Temprano, apenas despuntando el alba y con la neblina todavĂa baja, el grito de una mujer rompiĂł la calma en un condado de Carroll, en New Hampshire, al cual le siguiĂł su rutinario sĂ©quito de murmullos, llamadas telefĂłnicas y finalmente sirenas policĂacas.
Lo que supieron los vecinos que observaron el desastre antes de que cercaran la zona, era que se habĂa cometido un asesinato, pero ninguno de ellos fue del todo conocedor del mismo hasta que hubiera salido en las noticias el dĂa siguiente. Por lo pronto, sĂłlo los policĂas, forenses y detectives tenĂan una idea clara de lo que estaban buscando... Un asesino, lejos de ser un novato, que habĂa sido apresurado de alguna manera.
SĂ, fue sencillo adivinar que se trataba de un homicidio descuidado, más cargado de desesperaciĂłn que de ira, pero las cosas no podĂan acabarse ahĂ.
Para sumar más pistas al misterio, un gimoteo dĂ©bil e impreciso se escuchĂł tras los muros de la casa donde fue hallada la primera victima.Â
“En la chimenea”, señalĂł alguien que llevaba guantes de látex y una chaqueta del FBI, y entre varias personas lograron derribar el muro. Dentro de lo que parecĂa ser una habitaciĂłn hermĂ©tica, con muy poco oxĂgeno para respirar, se hallaba una muchacha sucia, desgarbada y notablemente desnutrida.
Danielle:
Incluso dentro de aquel lugar podĂa sentir el frĂo que calaba los huesos, y no habĂa nada con lo quĂ© abrigarse. El dolor que significaba temblar de frĂo, hallándose tan delgada y hambrienta, era indescriptible. Se trataba de la horrible sensaciĂłn de estar muriendo, poco a poco y sin prisas, abandonada en un lugar donde no creĂa que nadie pudiera encontrarla jamás.
SabĂa que hacĂa veinticuatro horas se hallaba con un hombre, y que conocĂa a ese hombre. Que lo conocĂa mejor que a muchas personas, pues alguna vez habĂa sido su maestro, su amigo, su mentor. Pero la confusiĂłn la atormentaba y ahora casi no podĂa recordar su nombre; ni siquiera recordaba cĂłmo habĂa llegado ahĂ, o cĂłmo le habĂan causado todas aquellas heridas internas. Lo Ăşnico que podĂa divisar lejanamente en su memoria, era la mirada de aquel sujeto, en un par de ojos verdes.
Su imagen se iba desvaneciendo.
Pero en algĂşn momento la luz empezĂł a filtrarse en su lĂşgubre morada, no como un rayo sino como una caricia apenas perceptible. Algo conmocionada, la rubia levantĂł la vista.
Sin saber que alguien habĂa entrado a la casa, y sin siquiera recordar que se hallaba dentro de la chimenea, empezĂł a canturrear para sĂ misma. Sin embargo, el canto se convirtiĂł rápidamente en sollozos, pues incluso sus labios le dolĂan demasiado.
Si se desmayĂł o sĂłlo estaba muy confundida, no lo supo, pero en lo que parecĂa ser un segundo, se hallaba libre, recogida en los brazos de una persona que emitĂa calor.