La oía. Esa voz que me pedía en susurros, en lo más profundo de aquel oscuro lugar, que la liberase. Sabía quién era, o eso creía, puesto que la voz se me hacía familiar, pero no sabía en específico a quién pertenecía aquella voz.
Alzé mis ojos y miré a mi alrededor, tratando luego de levantarme, pero entonces me di cuenta de que esta estaba cubierta en la sangre de mis heridas, y que unas cadenas tenían mi cuello y mis pies afirmados, sin dejarlos salir, ni ceder un centímetro.
No me movía, y no podía escapar. Fue entonces que reconocí la voz que tanto me suplicaba por ayuda.
Mi corazón me pesaba en el pecho, y unas ganas de llorar hasta el cansancio para dormir y no volver a despertar me inundaron, pero no permití que mis ojos siquiera asomaron una lágrima, y miré a mi alrededor.
A mi derecha, la sangre de mis dagas marcaba un rastro desde donde, al parecer, había venido, y por la izquierda, había todo un pasillo enorme, ancho y negro, listo para ser ensuciado con mi sangre y manchado por mis heridas.
Al frente había solo vacío. Uno más hondo del que sentía en mi pecho. Atrás de mis piernas, un abismo frío, silencioso, y monótono.
Los grilletes que me esclavizan ya no están, y puedo respirar el aire rasposo, como vidrio, que me daña la garganta y me hace trizas los pulmones, pero mis manos llevan a mis labios un trozo de algo, y me siento caer en el estupor. Era consciente de mi mala situación, pero no me preocupaba ya, aunque tampoco es que escapara de ella. Avanzaba a paso lento, torpe, tropezando y cayendo constantemente, siéndome difícil el levantar mi rostro del frío piso que me dañaba la piel con cada toque como si de miles de pequeñas caracolas afiladas en el suelo arenoso habláramos. Quería poder avanzar, sanar mis heridas, dejar de lastimarme, no sentir más aquella sensación de nada en el pecho, pero no podía. En mi estupor, no podía ordenar las ideas, ni abrir bien mis ojos o mover bien mis miembros, o abrir bien los labios.
Miré por sobre mi hombro y lo ví.
Una criatura negra o gris, o ambas, caminaba detrás mío, a unos metros, siguiendo mis pasos, pareciendo reír de cada tumbo que daba, de cada tropiezo y caída de mi parte, pero a la vez podía sentir, de algún modo, su orgullo hacia mi cuando me mantenía sobre mi columna y no caía, por poco tiempo que fuera.
Mi camino de sangre se alargaba, y yo sentía mi pecho cada vez más vacío, con la horrible daga de la monotonía rutinaria desgarrando mis costillas y abriéndose paso a mi corazón, para adentrarse en este y hospedarse como si de un pájaro en su nido se tratara
Oia a mi propia persona aullar por clemencia, por una ayuda, y me detuve. Jadeé y ordené mis pensamientos, sintiendo el dolor crecer por mis piernas a medida que se pasaba el efecto de la droga consumida. Ordeno mi cabeza y camino unos pocos pasos, sintiendo aligerada la nada de mi corazón, y el dolor disiparse unos segundos, solo para volver a sentirme igual de mal que una vez puse un pie frente al otro a los pocos pasos.
Mis grandes ojos cafés se abrieron de golpe.
Sentía mi plumaje erizado, como si fuese una bolita de plumas, y me sacudí en los cubiertos en los que me había quedado dormido hacía un par de horas. Me pregunté por qué en aquel sueño había tomado una extraña apariencia humana. De unos saltitos salí del cajón y miré la cocina, buscando a los demás habitantes de la casa, preguntándome dónde estarían. Era hora de ir cocinando el desayuno, y tenía hambre.
Me pregunté qué había sido ese sueño tan extraño, y, a mi gusto, tan cargado e símbolos raros.
Moví mis inútiles alas para desperezarme y di unos pasitos hacia la ventana, mirando el día nublado y frío que parecía hacer afuera.
Mis patitas naranjas se cerraron en torno a una ciruela, y le di un picotazo, poniendo mueca de asco por el sabor dulzón de la fruta, y ordené mis plumas, como el pichón coqueto que soy, y bajé con saltos cuidadosos el estante, correteando por el suelo hasta llegar a donde se guardaba mi comida preferida. La picoteo un poco y, de ser humano, me hubiese relamido los labios. Era tan agradable tener mi pico de vuelta...
Aunque lo siento un poco raro, es esto muchísimo mejor al dolor insoportable que me daba el habermelo roto.
Miré la hora tras haber corrido impulsandose un poco con mis pequeñas alas cafés y descubrí que a esa hora aún ni los más madrugadores abrían sus ojos, y decidí ir a mi nido improvisado a dormir unas horas más, siendo yo un gran dormilón.
Hola hola, esto es un One-Shoot canónico a L.C. desde que no tengo el tiempo o la motivación para dibujar nada, y estoy enflcandome más en mis libros de wattpad de countryhumans. Pueden salir más como este, pero no se qué tanta calidad tengan los dibujos.