Una nueva tradiciĂłn
Klance, Percy Jackson AU TambiĂ©n en ao3 Â
--o--
― ¡Eh, Hades! ¡Ten cuidado con las sombritas! ¡No vayas a tropezarte y caer al agua!
―Afrodita. ¿Por qué no estoy sorprendido?
―No sé. ¿Por qué no estoy sorprendido de que te escondas en las sombras? Sal de ahà y hablemos, Keith.
― ¿Y dejar que me embrujes? No te ofendas, pero paso.
― ÂżEl modo difĂcil entonces? No voy a dejar que tomes la bandera.
―Adelante, Lance.
Tomaron sus armas y cargaron uno contra el otro, sonriendo ante cada movimiento. Keith, un hijo de Hades, era increĂble con su espada. Si bien Lance, un hijo de Afrodita era mucho más hábil con el arco, tambiĂ©n era bueno en combate cuerpo a cuerpo.
Pero aun asĂ Keith era mejor.
― ¿Qué tal dos de tres?
-o-
Keith no podĂa ver, sĂłlo se guiaba por el instinto. Uno de los monstruos que habĂa entrado al campamento lo habĂa herido. PodĂa escuchar a Pidge y Hunk, dos brillantes semidioses, hija de Atenea e hijo de Hefestos, trazar un plan en segundos para acabar con el monstruo. Shiro, hijo de Zeus, lidiaba con otros. Allura, hija de Apolo, lo ayudaba. O sea, que sĂłlo quedaba una persona disponible para ayudarlo en ese momento.
― ¡Lance!
― ¡Estoy en ello!
A los pocos segundos el monstruo parĂł en seco, una flecha lo habĂa atravesado. Keith se girĂł y lo acabĂł con su espada. Lance sonreĂa. Su precisiĂłn habĂa mejorado en las Ăşltimas semanas, habĂa cambiado de su arco normal por uno que la misma Afrodita le habĂa regalado. Al principio no era bueno con Ă©l, pero ahora era sobresaliente. Lance usualmente fallaba cuando probaba armas nuevas, pero una vez que lo perfeccionaba era imparable.
Era increĂble lo mucho que habĂa cambiado en poco tiempo.
Se habĂan conocido en la secundaria. Keith siempre estaba solo o metido en peleas, y Lance siempre convencĂa a la gente de hacer lo que quisiera con sus encantos, pero cuando habĂa intentado convencer a Keith de hacer su tarea no le habĂa funcionado. Eso se habĂa transformado en una rivalidad en la que Lance intentaba convencerlo de cualquier cosa, y luego pasĂł a ser una amistad al pasar tiempo juntos. Cuando en una fiesta (A la que Lance lo convenciĂł de ir) Keith besĂł a un chico y alguien lo vio. Las noticias no tardaron en expandirse por toda la escuela, y fue esa la primera vez que usaron sus poderes y por consecuente terminaron atrayendo a un monstruo.
Lance estaba furioso. HabĂa empezado maldiciendo al que habĂa esparcido los rumores con maquillaje que no pudiera quitar, y tras eso lo habĂa engatusado para humillarlo a Ă©l. Pero fue entonces que un monstruo apareciĂł y los atacĂł.
Tras correr por casi toda la escuela, Keith habĂa utilizado sus apenas descubiertos poderes de geoquinesis para tragarse al monstruo. Tras eso, ambos fueron llevados al campamento por Coran, quien habĂa aparentado ser un profesor para vigilarlos.
Afrodita y Hades los habĂan reclamado a los dĂas. Keith era el primer hijo de Hades en el campamento en mucho tiempo, y Lance tenĂa una cabaña llena de hermanos y hermanas. Su separaciĂłn fue inminente, más al enterarse que no eran bichos raros, al menos no para el campamento mestizo.
-o-
―Menos mal que viajas por las sombras, porque el sol derrite a los bombones.
―… ¿En serio?
―AlgĂşn dĂa voy a tener una embruja habla lo suficientemente fuerte como para que te gusten mis frases de ligue. Tengo muchos más de donde vino esa.
―No, no digas más por favor. No creo poder… Qué es… ¿Eso?
Keith no pudo evitarlo. Lance siempre vestĂa con la camiseta naranja del campamento y distintos jeans, una campera larga y zapatillas que definitivamente, no eran blancas. Lo que sea que llevaba puesto, no era su estilo.
― ¡Ugh! ¡Nunca te fijas en mis zapatos, pero hoy tenĂas que hacerlo!
― ¿Lo siento?
―SĂ, espero que lo sientas. ―Dijo, en un tono increĂblemente serio― Y espero que me des tu raciĂłn de postre como compensaciĂłn.
― ¿Qué? ¡No!
Entre peleas y risas, llegaron al comedor y se reunieron con sus amigos. Keith agradecĂa que los semidioses podĂan cruzarse de mesas, porque no le gustaba comer solo. Su mesa se llenĂł con rapidez de chistes y comentarios del dĂa, y por supuesto, rumores. Eran todos los temas ideales para que Lance interviniera, pero no daba más que unos pequeños comentarios monosĂlabos.
― ¿Lance? ¿Es cierto que tú…
―SĂ, Pidge. Los zapatos de la vergĂĽenza. No quiero… No quiero hablar del tema. Estoy cansado, creo… Creo que voy a ir a dormir. Nos vemos, chicos.
Lance se retirĂł sin dejarlos contestar nada. Hunk y Keith sĂłlo pudieron quedarse mirando a Pidge, esperando una respuesta.
―Es… una cosa de la cabaña de Afrodita. No pueden combinarlos con absolutamente nada. Tengo entendido que es un infierno. Además, todos sabemos cómo de popular es Lance. Creo que todo el campamento notó su cambio de estilo de hoy.
Continuaron comiendo en silencio, y luego se separaron. Ninguno de ellos sabĂa el porquĂ© de la apariencia de su amigo, y Keith estaba a punto de olvidarse del tema, pero fue entonces que los escuchĂł riendo.
Los hermanos de Lance. Todos eran radiantes. No habĂa una sola imperfecciĂłn en sus rostros, y las ropas les quedaban como a los modelos. Resultarles atractivos a Keith era algo que todos los hijos de Afrodita tenĂan en comĂşn, pero habĂa una de ellas con la que se llevaba mejor, y fue a ella a la que se acercĂł.
― ¿Puedo preguntarte algo?
― ÂżOtro más? ―dijo, sin mirarlo siquiera a la cara― SĂ, Lance tiene los zapat-
― ¡Ya sé eso! Pero, ¿Por qué?
La chica lo miró y entonces le dio una sonrisa leve. Le dijo una cosa a una de sus hermanas, y tras eso, se levantó y pasó a su lado, susurrándole.
―Se negó al ritual de paso. Ve a verlo, ¿S�
Keith saliĂł del comedor confundido. Pidge habĂa dicho que lo que pasaba era una cosa de la cabaña de Afrodita, pero, ÂżRitual de Paso? No entendĂa a quĂ© se referĂa con ello, y la Ăşnica forma de encontrar la respuesta era encontrar a un semidiĂłs en especĂfico. PasĂł las duchas y llegĂł al lago, donde vio a Lance. Estaba tirando piedras.
―El lago no te ha hecho nada.
―No, tienes razón. ¿Prefieres que se las tire a un campista?
―Hm, supongo que no.
QuerĂa ser sutil. Lance habĂa dejado en claro que no querĂa hablar del tema, y si le decĂa que no se metiera lo dejarĂa ahĂ. Pero Lance habĂa estado allĂ para Ă©l muchas veces. HabĂan estado juntos cuando Keith era objetivo de burlas, y Lance de corazones rotos. HabĂan estado juntos ante el primer ataque de un monstruo, la ida al campamento mestizo, incluso estuvieron juntos cuando los dioses los reclamaron, y cuando todos los campistas sĂłlo hablaban de la potente aura rosa de Lance y el aura negra de Keith. HabĂan estado juntos en situaciones de vida o muerte. Keith querĂa estar ahĂ para Ă©l.
―Hoy hay… Bastante viento.
―Eres pésimo iniciando una conversación, como siempre. Venga, sólo pregúntalo. Te está consumiendo por dentro.
― ... ¿Qué es eso del ritual de paso de tu cabaña?
― ÂżQuiĂ©n te contĂł de…? Ah… Verás, antes… Antes debĂas probarte ante el resto.
― ÂżProbarte? ÂżCĂłmo? ÂżCombates? Eres un increĂble guerrero, no puedo creer que hay-
―DebĂas enamorar a alguien, salir con esa persona y luego romperle el corazĂłn. Para mi paso, esa persona debĂas ser tĂş.
―…Wow.
―Es… Es una tradiciĂłn horrible. La habĂan abolido, pero volviĂł con el tiempo. Conoces al capitán de mi cabaña, me neguĂ© y aquĂ estamos.
―Tienes puesto… eso… ¿Sólo porque te lo ordenó?
―No me lo ordenĂł. Es un castigo. Es algo menor a lo que esperaba, asĂ que está bien. CreĂa que Afrodita aparecerĂa y terminarĂa embrujándome para hacerlo, o alguna cosa asĂ.
― ¿Qué? ¿Afrodita?
―TĂş me gustas, Keith. Pero enamorarte con mis poderes, me parece una de las cosas más bajas que se puede hacer con este poder, y ni hablemos de romper tu corazĂłn sĂłlo porque sĂ. Y crĂ©eme cuando te digo que he hecho cosas bajas, pero esto... Simplemente no podĂa hacerlo. QuerĂa decĂrtelo... Entiendo si no quieres que vuelva a- Lo siento.
El corazĂłn de Keith latĂa a mil por segundo. Lo que sentĂa por Lance era algo que habĂa aceptado hacĂa tiempo, pero en definitiva no esperaba que Lance sintiera algo mĂnimamente remoto al romance por Ă©l. Por mucho tiempo se convenciĂł de que estarĂa bien sĂłlo con la quĂmica que habĂa entre ellos, y que el conocerse de antes era un factor importante, pero esa quĂmica no implicaba que Keith tuviera que notar cada perfecto detalle de su rostro, ni la forma en que Lance siempre cambiaba el color de sus aretes dependiendo de su humor. Odiaba verlo coquetear con otros, y tambiĂ©n odiaba verlo usar su embruja habla con otros que no fueran Ă©l. Keith y Lance habĂan pasado noches en vela sosteniendo la mano del otro en la enfermerĂa, para que pudieran apretarla si tenĂan malos sueños, como podĂa ser recurrente para los semidioses como ellos.
Keith aun recordaba la primera misiĂłn donde Lance casi morĂa. Ese dĂa habĂan formado un vĂnculo más especial que antes, ¡Keith incluso lo habĂa acunado en sus brazos!
Lance se habĂa secado las lágrimas, y se habĂa quedado en silencio. Keith sabĂa que tenĂa que hacer algo, decir algo, lo sabĂa, pero no aparecĂa absolutamente nada en su cabeza. AsĂ que soltĂł lo primero que pudo.
―Está bien. A mĂ... Me gustan mucho tus ojos, sobre todo el izquierdo...
―Pfff. ¿Qué se supone que haces? ¿No has aprendido nada de m�
― ¡Lo estoy intentando!
―Vale, vale. Tienes otro intento.
―... Eh… ÂżAcaba de salir el sol? ÂżO me has sonreĂdo?
―… No, definitivamente no has aprendido nada de mĂ. Escucha, yo… Ah, ÂżDĂłnde está?
― ¿Lance?
―No puedo encontrarlo. ― Se habĂa levantado y buscaba algo en sus bolsillos.
― ¿Qué has perdido?
―Mi número de teléfono, ¿Me das el tuyo?
AhĂ estaba esa sonrisa socarrona otra vez.
―Te odio.
Se quedaron en silencio, arrojando piedras al lago. No estaba seguro de si su mensaje habĂa llegado de forma clara, pero Lance parecĂa estar mejor.
―Ven a mi cabaña. Ahà puedes quitarte estas horribles cosas, y si quieres… Bueno… Puedes decir que hiciste una parte del ritual.
― ÂżY quĂ© parte serĂa esa, sombritas?
SonrĂo, imitando a Lance.
―Depende de ti. Enamorarme ya lo lograste, pero, ÂżSaldrĂas conmigo? ÂżO un hijo de Hades es mucho para un niñ-
No pudo terminar. Lance lo habĂa besado, y no tenĂa idea de si tenĂa algo que ver con la magia de Afrodita, pero se sentĂa increĂblemente bien. Al separarse rieron y fueron a la cabaña de Hades, donde no habĂa otro semidiĂłs para interrumpirlos.
Lance siguiĂł usando los zapatos hasta que el capitán de su cabaña se hartĂł. PasĂł a ser una tradiciĂłn usarlos como una forma de negarse al ritual, y en ese caso les dibujaban el sĂmbolo de Afrodita y el del padre del otro semidiĂłs. Lance siguiĂł usándolos incluso luego de eso, y luego los colocĂł donde todos sus hermanos pudieran verlos.
Estaba orgulloso de mostrarlos cuando entraba a la cabaña sosteniendo la mano de Keith.










