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– Me quiero ir a lavar la ropa – Se queja Dekar con los brazos adoloridos. Las tareas del hogar siempre le han relajado mucho y ahora quiere huir de la presión.
– Debes decir papá, por lo menos una vez – Malya le regaña.
Adiel por su parte vuelve a reĂr mientras el fastidio aumenta en el rostro de Dekar.
Alain toma su plato y lo va a dejar en el lavaplatos, se acerca a Dekar con una sonrisa, deja su mano sobre la cabeza del chico desordenándole el cabello.
– Sin presiones – Le dice Mairin, quien está a su lado y deposita un beso en su mejilla, ella de igual manera retira su plato y se va de la cocina.
– AlgĂşn dĂa lo dirás Âżcierto? – Pregunta Malya, está con ambas muñecas sobre la mesa.
Dekar asiente inseguro.
– ÂżNecesitas ayuda con la losa? – Esta ves pregunta Adiel, quien se habĂa levantado de la mesa.
– Puedes sacar las cosas de la mesa, los platos sucios son mi trabajo –Dekar se contagia de la sonrisa confiada que siempre muestra Adiel.
Malya suspira y toma su plato para dejarlo sobre el lavaplatos, pero antes de irse voltea a ver a sus hermanos.
– Puede que ni papá ni mamá parezcan ansiosos por escuchar esas palabras de tu parte – Murmura lo suficientemente alto como para que ambos lo escuchen. – Sin embargo, quieren oĂrlo, de eso estoy segura.
– Da miedo – Le susurra. Dekar asiente repetidas veces.
Más tarde ese dĂa, tanto Adiel como Malya debĂan retirarse a continuar sus viaje, Mairin estaba preparando las cosas de sus hijos para que continuaran con sus metas luego de que las gemelas, de tanto molestar al pobre Tyranitar, provocaran que medio patio estuviese cubierto de arena y  Alain fue el encargado de ordenar el desastre de sus pequeñas.
Dekar se ofreciĂł a ayudarle, aprovechando que ni uno de sus hermanos estuviese ahĂ para presionarlo.
– Tus hermanas son un tornado – RĂe Alain con la pala en la mano apartando la arena de las verduras que plantaron en el patio.
– Señor Alain, necesitan disciplina – suspira Dekar sobándose las manos por el manejo de la pala.
Dekar sabe la historia de  cuando el señor Alain perdió mucho más que su sonrisa.
Suspira y voltea a ver al hombre que acaba de enderezarse para acomodar su espalda, pasa la manga de su bata blanca por la frente retirando algunas gotas de sudor por el esfuerzo. Dekar da un paso al frente, y con un poco de valor que no sabe muy bien de dĂłnde ha salido susurra, bajo para que quien pase cerca no se de cuenta, para que sĂłlo quien mira como una figura paterna lo perciba.
– ¡P-Papá!
Suelta, con ello la vergĂĽenza, la pena y el no sentir que merezca llamarlo de esa manera le hacen bajar la mirada que paralizar sus mĂşsculos, ya no puede correr y olvidar que lo dijo.
– Es tarde – Los brazos de la mujer rodean su cuello y lo empujan hacia adelante.
– Estoy terminando.
– Si, eso dijiste hace rato – Suelta su agarre y toma la silla de al lado para sentarse.
Él no ha soltado su teclado, sigue escribiendo en la computadora mientras va leyendo uno de los libros que tiene a su lado. Completa un párrafo, corrige algunas faltas de ortografĂa y agrega algunas comas en lugares que cree conveniente. Estira los dedos de las manos y se voltea a mirar a la mujer a su lado.
– SĂłlo adelanto trabajo – Le sonrĂe, aunque ella puede ver como las ojeras se asoman peligrosas en su mirada azul.
– Tu hija sale mañana a primera hora, si sigues te quedarás dormido.
– ConfĂo en que tĂş me despiertes – Se acomoda en la silla y mira directo hacia ella – Y es por eso que adelanto trabajo.
Ella ladea la cabeza esperando una justificaciĂłn de su parte.
– Puede funcionar, Cariño – Le dice aunque el apodo parece sonar más en burla que cariñoso.
Sus ojos ruedan y una sonrisa de lado se muestra en su rostro, se gira hacia su computadora con la intenciĂłn de continuar pero la mano de ella sobre su hombro lo detiene.
– Ve a hablar con ella, está algo preocupada.
– ¿No venias sólo a verme?
– Sale de este cuarto antes de que mande a Saur a que te saque con un látigo cepa – Amenaza ella pero continua sonriendo.
– Karinne dice que quiere un Nidoran. – Comenta una de ellas apuntando a su hermana gemela.
– Roxanne dice que quiere un Tepig – Comenta la otra gemela apuntando a su contraria.
– Pues cuando comiencen su viaje pueden atraparlos – Contesta la hija mayor, ve como sus hermanitas menores inflan sus mejillas en un puchero pero ella es inmune hace mucho.
– Dekar, Asà no se llama. – Gruñe una de las gemelas.
– Se llama papá – Apoya la otra. – Dà papá.
– A la cama ustedes dos. – El chico las ignora y sigue caminando hacia las habitaciones.
– Que Dekar les cuente un cuento – Ofrece Mairin.
Puede oĂr el grito de festejo de las gemelas y el suspiro de resignaciĂłn del muchacho al ser prisionero de las mujeres en miniatura una vez más.
– Mamá, Dekar terminará odiando los cuentos infantiles – Le dice Malya quien permanece en el sillón muy cómoda.
La mujer se rĂe restándole importancia al asunto y se retira de la sala para dejar a su marido y su hija solos unos momentos. Él se acerca hasta el sofá, sentándose a su lado y la mira unos segundos esperando a que ella hablara, lo que no le tomĂł mucho tiempo, es difĂcil mantener a esa niña con la boca cerrada.
Malya seguĂa sin estar muy segura de todo esto, dejĂł que su cuerpo se afirmara en el costado de su padre, meditĂł sus palabras y continuĂł con la conversaciĂłn.
– ¿Tú estabas nervioso cuando iniciaste tu viaje?
– ¿Curiosidad? – Malya se aleja de su padre para mirarlo a los ojos.
– Hay quienes tienen una enorme fuerza de voluntad, otros son valientes – En su mente aparecen los rostros de personas, aunque no las nombra, no es momento para ello – Pero yo tenĂa curiosidad.
Ella parece más tranquila ahora, coloca su cabeza en el hombro de su padre y relaja los músculos.
– ¿Tuviste esta conversación con Adiel?
Escucha a su padre reĂr por lo bajo.– Más o menos.
– ¿Cómo que más o menos? – Le cuestiona ella.
– Adiel no estaba nervioso – Su padre vuele a reĂr, seguro está recordando la situaciĂłn – Estaba ansioso.
Alain lo medita, espera a que ella le mire con la duda en sus ojos anaranjados igual que los de su madre, con el mismo brillo de inocencia que las caracteriza, le sonrĂe y deja un pequeño beso en su frente antes de contestar.
– Lo que tu quieras, no necesitas una de esas etiquetas.
Ella parece mucho más animada y segura, se levanta de un salto del sillón, coloca sus manos detrás de su espalda, da una vuelta sobre sus talones y mira a su padre con cariño.
Ove the years of doing this series, I like to think I’ve gotten much-improved at food photography. However… this was a challenge! It’s delicious, but making it look as lovely as it tasted took some thought and more than one attempt. Ask me if I minded sipping variations… go on! Try it yourself!Â
When I asked for the dish and a book, I didn’t realize that one of MCA Hogarth’s series has a recipe…
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Personas como ellos merecen mil premios por ser comprensivos, solidarios y muy pero muy felices, creo, no, estoy segurla de que si en 20 años mi(s) hijo(s) me preguntara(n) que fue lo mejor de la secundaria definitivamente dirĂa que fue conocerlos a cada uno de ellos y compartir ese preciado tiempo a su lado dĂa a dĂa. Los amo, no importa que, siempre estarán presentes en mi vida. #losamo❤ #espartanosforevah #tata #castel #negri #lalo #roita #karinne #pacho (en Bogotá, Colombia)