Hell bells [Continuación - Parte 2]
Aceleró el paso cada vez más su amigo siempre estaba para ayudarla en todo y así fue, un pequeño conjuro de cambia formas hizo que, dos chicas idénticas entre sí, salieran de la habitación.
Sus pasos fueron rápidos, y en dirección opuesta a Salem, sabía que podía tener unas horas o unos minutos más para poder planear algo, agradeció que todos ya habían salido de sus clases cuando ella caminaba con prisa, abriéndose camino hasta llegar a la entrada. No se dio cuenta cuando pasó frente a Erick, su bolso golpeó una de sus piernas y a penas se disculpó, no estaba preocupada de nadie que pudiera estar a su lado, solo quería hacerse paso entre las personas para bajar las escaleras de la entrada con rapidez. Miles de pensamientos pasaban por su cabeza, no veía un momento de lucidez en el fondo, solo pensaba en huir lo más lejos que podía.
El chico de inmediato volteó cuando el golpe dio en su pierna, por lo cual rompió las conversaciones que tenía con sus compañeros al salir del aula. No estaba enojado por aquello sino sintió curiosidad por quién había pasado tan rápido.
Era una de las cosas agradables de vivir en una Academia especial; todos tenían la manera perfecta para darse el tiempo, incluso para hacer vida social entre clases y olvidarse la larga actividades que tenían durante el día o la semana.
Sus ojos se abrieron al ver que era Julene, su novia, quién apenas notó su presencia. Lo cual era extremadamente raro porque nunca tenía esas actitudes y una inquietud rodeó el cuerpo del chico. Fácilmente pudo notar su ritmo acelerado debido a sus genes y cerró su taquilla con tanta fuerza que hizo que todos saltarán por la sorpresa que eso había causado.
No alcanzó a despedirse de nadie porque su mente se había bloqueado por completo. Bajó las escaleras rápidamente y notó su cabellera rubia salir por la puerta principal. No sabía lo que pasaba y esperaba tener respuestas en ese momento, quería ayudarla fuera lo que fuera.
— ¡Juls! — Exclamó desde el umbral de la puerta. Todos los ojos se fueron en su dirección, menos de la persona que deseaba quién fuera. Miró hacia el cielo y no pudo evitar sentir que el clima estaba cambiando, se nublaba y no era muy típico de Idris; menos en esa temporada.
Sus piernas se movian agilmente entre el pasto, sentía que todo a su alrededor iba mas lento de lo normal, o era ella la que no podía moverse con rapidez, pero cada vez que quería hacerlo sentía una presión que la detenía, pero era solo una percepción de ella, pues su caminar era rápido, casi en un pequeño trote, en ese momento sólo podía escuchar sus pensamientos, lo que la hacían desconectarse del entorno por completo, solo podía escuchar los pensamientos de Salem en ese momento que se dirigía al otro lado de Idris para poder despistar a los demás. La necesidad de alejarse. por la seguridad de los demás, era mucho más grande que todo, con fuerza sostenía su bolso negro de cuero, en el cual llevaba algunos grimorios de su padre, que quizás podían ayudar en el enfrentamiento, era lo único que llevaba además de algunas otras cosas que tomó con rapidez, mientras todo daba vueltas a su alrededor.
Corrió rápido en su dirección. Sus piernas no eran tan largas como cualquiera de sus compañeros pero tenía la habilidad y el trabajo realizado en sus entrenamientos, así que en menos de un minuto pudo agarrar su codo para detener el camino que parecía que no iba a acabar. Lo hizo tan fuerte que volteó y tomó su rostro con sus manos. Esta vez fue más delicado, porque con su poder podía arrastrarlo a metros de allí.
No podía pensar en muchas cosas, o quizás su subconsciente sí lo hacía, y por eso corría en dirección al bosque, un lugar alejado donde pudiera pensar con claridad, su mente estaba en conflicto en ese momento, y los pensamientos de Salem nublaban los suyos pero solo sabía que debía de alejarse lo más que podía del instituto. De pronto sintió el tirón de atrás, por un segundo quiso atacar pero encontrarse con el rostro de su novio fue casi una salvación, o eso creyó en el momento.
— ¿Qué pasa? ¿Está todo bien? — Sus ojos se movían de un lado a otro, tratando de descifrar sus expresiones, además como vestía y qué era lo que estaba llevando en su bolso. No le había dicho nada y es lo que más le inquietaba.
— Erick — Murmuró agitada su respiración estaba totalmente descontrolada en ese momento y sus ojos en modo alerta la delataban al instante — Debo moverme, no puedo quedarme aquí, me encontró...debo irme — Murmuró tratando de mirar en todas direcciones, sintiendo como es que Salem gritaba en su cabeza “Corre, corre”
El ceño de Erick se marcó en toda su frente ante su respuesta. Era una mezcla de preocupación, angustia y sobre todo, confusión por no entender en qué momento pensó que el irse sin avisar era la mejor idea.
— ¿No me ibas a decir nada? ¿Cómo planeabas que estaría sin saber de ti? — Fueron las primeras preguntas que salieron de su boca casi como un grito. Lamentó haber alejado sus manos porque eso le dio la oportunidad que aquel espacio entre ambos fuera más amplio pero cuando tomó su mano, hizo que su ansiedad se calmara.
Volvió a alejarse de él, estaba fuera de su elemento, fuera de control, se sentía casi desesperada, mientras que lo tomaba nuevamente de la mano para que la acompañara, no podía quedarse quieta, necesitaba perderse entre los árboles.
— Me encontró — Dijo volteando hacia atrás mientras caminaba, perdiendose entre los arboles y hiedras del bosque. - Me encontró - Volvió a repetir cuando estuvo ya en un lugar alejado del instituto, estaba consciente que en cualquier momento aparecería pero se sentía más segura con su chico.
Lo quedó mirando con aquella mirada de dolor y levantándose las mangas de su blusa donde marcas de grilletes quemados estaban en sus dos muñecas — Es él, y necesito detenerlo o tener tiempo para hacerlo — Tomó aire, en lo que podía mientras observaba los ojos preocupados de su novio, los cuales la hicieron relajarse solo un poco para no alertar del todo.
Los ojos del chico fueron a las muñecas de su novia y maldijo por lo bajo. No podía saber qué gravedad del asunto era tener esas marcas pero no era nada bueno con las señales que estaba viendo. Cariñosamente se las acarició y la abrazó durante unos segundos, tratando que su mente estuviera completamente clara para ser un aporte y no una carga.
Sus brazos lo rodearon con fuerza, como si aquello fuera lo último que haría en aquel momento, sus manos se abrieron sobre su espalda y apoyando su cabeza a su pecho suspiró sintiendo el perfume del chico, el cual la tranquilizó del todo, o por esos segundos. — Quiero solucionarlo, debo de solucionarlo amor — Murmuró y volvió a suspirar, se aferró a él por unos largos segundos susurrando despacio— Qui curat de me, protegens et tolleret angues ingentemque manu mea, ut posteris sit inter iubas alba capillos, ab omni malo defendat, liberabo eum de tenebris — Lo quedó mirando unos segundos más y le sonrió muy despacio casi invisible.
Le besó su frente y se alejó, observando sus expresiones, que nunca la había visto así.
— Debo ir sola, me quiere a mí — Murmuró por última vez, antes de volver a caminar dándole la espalda, sabía que la seguiría pero no podía perder el tiempo en una charla sabiendo que podía hacerle daño a él, o a ella.
Apretó su mandíbula cuando le dio la espalda y la siguió rápidamente hasta que alcanzó sus pasos, avanzando al lado suyo sin detenerse tampoco.
— ¿Adónde vamos? ¿Cuáles son sus debilidades? ¿Hay una zona que le cueste más localizarte? — Preguntó con un hilo en su voz. No quería hablar, simplemente tomó su mano para sentir que estaba con él, quería ir sola pero a la vez no quería que la dejara, estaba aterrada, y no quería demostrarlo. — Es poderoso, no tiene un punto débil, no recuerdo uno en este momento— Murmuró mientras caminaba a su lado, tratando de calmar su mente, recordaba muy vagamente una conversación con sus tías, pero en aquel momento maldecía por no poder recordarla.
En medio camino le quitó el bolso que llevaba y el sonido de la gente de la Academia cada vez desaparecía más y más, hasta quedar en el silencio típico cuando uno va adentrándose en el bosque, sólo con los sonidos de los animales y el viento al mover los árboles. Se giró hacia él con rostro preocupado y se acercó a acariciar su mejilla con cariño. — El vendrá a mí, y me encontrará...no sé cómo debilitarlo, escuché una vez a mis tías hablar de la debilidad del señor oscuro, son las cebollas y las estacas de hierro Hizo un gesto como si fuera una broma pero no lo era, le sonrió suavemente. — Si quieres ayudarme, debes prometerme que no lucharás contra él, prometemelo Erick Tomó sus manos observandolo con aquella mirada triste y preocupada en sus ojos, se acercó a besar sus labios cortamente y acarició sus mejillas.— No sabría qué hacer si te pierdo, así que hazme caso alguna vez...en el bolso hay cebollas, y estacas de hierro, debo enfrentarlo así que...lo invocaré, y será duro. Comentó tomando el bolso que él tenía en una de sus manos, mostrándole en su interior. — Debemos ir más profundo en el bosque, estamos muy cerca de la academia Se giró nuevamente esperando que él la pudiera seguir y sin soltarlo de la mano, comenzaron a caminar con mucha más rapidez entre los árboles, como nunca tenía aquella habilidad que su novio poseía para moverse, quizás era adrenalina pero pronto estuvieron en lo más profundo, a penas sintiendo el ruido de los animales. — El día de hoy diremos, Hoy no Satán Comentó deteniéndose, para sacar las cosas del bolso armando un pequeño altar pagano, para invocar a que supuestamente era su padre.













