Incluso cuando no sabía lo que hacía, ni siquiera el origen mismo de sus impulsos, la anatomía actuaba por él, como si en un encuentro pasional su proceder lógico se inmutara voluntariamente. La vida de JoonGi estaba determinada por el control y el orden, posiblemente por toda la historia que transitaba y moldeaba su cuerpo, o de acuerdo a su actual y presionante contexto. Sea como fuere, el funcionamiento de las reacciones lógicas encadenadas por costumbre a su proceder, parecían devenir en desorden cada vez que Jiho era su centro.
JiHo había organizado una fiesta destinada a salvar un negocio importante para la empresa, había puesto todo su esfuerzo en ello, incluso cuando su esposo había complicado las cosas como ya era de esperarse. Fuerte y presente logró su cometida haciendo que la familia no retirara las acciones de la empresa. Por su puesto, ese bastardo no reconocería nada y por el contrario se dedicaría a avergonzarlo como en momentos del pasado. Nada podía hacer frente a ello, la impotencia era uno de sus más grandes pesares, pero sin la aprobación de JiHo, el deber ser era simplemente inexistente.
Algo como él, pensó. Un objeto capaz de dar el mensaje exacto, eso que piensa sobre él, pero no puede decirlo, debido a las barreras que el más bajo siempre interpone. Pensaba en aquello cuando pudo percatarse de un objeto con el mismo brillo que esa luz capaz de dinamitar su corazón, era el regalo perfecto, incluso cuando no pudiera cumplir con el objetivo adecuado.
El olor suave a la vez que imponente le recordaba al más pequeño. Al final del día, eso constituía JiHo para él, presencia incapaz de disipar, recuerdos imposibles de desdibujar y una sonrisa improbable de ignorar. Al mismo tiempo, toda la esencia del otro se encontraba erigida en su delicadeza. Aquel inverosímil actuar no era rudimentario o soez, sino que, por el contrario, remarcaban una afabilidad sin precedente. No demoró mucho en la floristería, pues el color presente de las rosas elegidas lo atrajeron tal cual la profunda y brillante mirada de Jiho. El verdadero problema yacía en el hecho mismo de entregar el presente de manera inadvertida.
Lo había pensado todo el camino, no obstante, sólo en cuanto cruzó el marco de la puerta que lo llevaría hasta el otro supo cuál era la única forma de hacerlo. -Sé bien que no va a reconocer tus esfuerzos, es muy rutinario en él, así que quería dejar un mensaje claro de cuan valioso eres. - menciona impulsivo y sin titubear, usando la profundidad de su voz para ensordecer el contexto que los rodea.
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