Lee y deja leer
Solemos pensar que un exponente (literario, musical, televisivo…) que esté bien consagrado se encuentra a salvo de cualquier crítica. Pero no es así: todo hombre y toda cosa hecha por uno están expuestos a ser juzgados para bien o para mal. Es una realidad que deberíamos aceptar todos. Lamentablemente, suele despertar controversia.
En el caso específico de la literatura, sucede que hay —o parece haber— un estándar de buenos escritores aprobado de manera unánime. Así, mientras que muchos pueden criticar abiertamente a autores como E. L. James, John Green y Stephenie Meyer, otros podrían recibir una bofetada —no necesariamente literal— al blasfemar contra escritores como Márquez, Cortázar, Víctor Hugo, James Joyce…: los escritores del Olimpo literario. Yo mismo viví esa última experiencia, y no fue placentera. Sin embargo, aprendí algo: todo lo que hace una persona puede ser destruido por otra.
Lo que intento no es otra cosa que llevar a una reflexión. Por ejemplo, yo soy muy admirador del trabajo de Gabo, mas hay ciertas cuestiones en su estilo las cuales hallo reprochables; y así como yo debe de haber otros que, aún peor, lo consideren un autor sobrevalorado. No obstante, ¿eso le resta crédito a su talento? Sería difícil responder esa pregunta, porque, nos guste o no, no es el autor el que se coloca a sí mismo en un pedestal; es decir, él puede considerarse un diamante literario, pero los lectores y los críticos son, en realidad, quienes dictaminan si su arte vale la pena y si superará la prueba del tiempo. Resulta duro, sí, aunque es la verdad, y eso va para todas las ramas del entretenimiento. Cortázar no fue grande porque él mismo se viese de esa forma, sino porque un grupo de gente, cautivado por sus textos, decidió que lo era. Las personas son las que leen, las que opinan, las que recomiendan…, las que inmortalizan las obras. De no ser así, muchos textos se pierden en el olvido, como ha pasado muchas veces
Entonces, vale preguntarse cómo puede un artista valorar su trabajo. Yo mismo, que soy un intento barato de escritor, no lo sé todavía. Alcanzo solo a pensar que si, al menos, a una persona le gusta tu arte, ya puedes considerar que hiciste bien algo en él; no lo mejor del mundo, aunque sí una cosa que alguien más supo apreciar.
Así de inentendible es la vida. Por tanto, creo que lo más importante es disfrutar de lo que lees, incluso si es autoayuda (sí, lo dije), pues aun cuando los clásicos sean increíbles y fundamentales, ¿pueden imaginar que toda la literatura estuviese compuesta solo de ellos? ¡Sería el Apocalipsis! ¿Crees que exagero?; pues bien, ¿ni siquiera un clásico te ha aburrido en algún punto? Si tu respuesta es que no, ¿podrías abrir tus hermosas alas, y traerme una pizza?: tanta mentira me da hambre.
Queridos lectores, no sean lo que muchos llaman un «hardcore» (disculpen que recurra a un término anglosajón, pero no conozco —ni sé si existe— su equivalente en español). No se crean más por haber leído Los miserables o las epopeyas griegas. Enfóquense en lo importante: gozar de la lectura. Después de todo, por cada detractor de Dan Brown, hay un amante de sus libros.
You used to say “live and let live”.
—Paul McCartney.
—Camel














