Cuando Eithan volvió del entrenamiento, exhausto y sudoroso, vio a Alexis con sus tenis puestos y explotó de ira. "¡QuÃtatelos ahora mismo, enano!", gritó, lanzándose a perseguirlo por la habitación. Pero Alexis, impulsado por esa nueva energÃa, fue más rápido. Esquivó muebles, saltó sobre la cama y escapó por el pasillo del dormitorio.
Eithan, cansado por el duro entrenamiento, se rindió jadeando. "¡Dámelos de vuelta!", exigió, pero Alexis, aún con el corazón latiendo fuerte, le pidió: "Regálamelos, por favor". Eithan, molesto pero demasiado fatigado para discutir, asintió. "Toma, ya están viejos de todos modos. Pensaba cambiarlos". No sabÃa que esos tenis eran como una extensión de su ser, y que al dárselos, estaba cediendo algo más que un par de zapatos.
Para el último semestre de la universidad, los roles estaban completamente invertidos. Alexis, ahora alto, musculoso y arrogante, luchaba por salvar sus materias si querÃa graduarse. Sus notas eran un desastre, y pasaba más tiempo en el gimnasio que en la biblioteca. Eithan, en cambio, era el mejor de la clase: bajito, delgado, educado y siempre dispuesto a ayudar.
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Nathan era el tÃpico nerd de la universidad: flacucho, alto como un poste, con sus 1.90 metros, y siempre con la nariz metida en un libro de fÃsica cuántica o jugando partidas interminables de Dungeons & Dragons. Sus gafas de montura gruesa y su camiseta de Star Wars eran su uniforme oficial. Aunque era brillante, siempre se sintió fuera de lugar entre los chicos populares, los deportistas de hombros anchos que parecÃan dominar el campus. Un dÃa, harto de ser el "palillo" del grupo, decidió que era hora de cambiar. QuerÃa músculos, querÃa verse imponente, ¡querÃa ser un hombre nuevo!
"¡Esto es todo lo que necesito!" exclamó Nathan, ajustándose las gafas. Esa misma tarde, comenzó a entrenar en su pequeño cuarto, levantando las pesas con entusiasmo. Al principio, le costaba levantarlas, pero cada repetición parecÃa más fácil. Al dÃa siguiente, se miró al espejo y no podÃa creerlo: sus brazos, antes como palillos, tenÃan un leve bulto. ¡Sus bÃceps estaban creciendo! "¡Esto es increÃble!" gritó, flexionando frente al espejo.
En clase, las cosas empeoraron. Antes, Nathan era el primero en levantar la mano. Ahora, apenas entendÃa lo que el profesor decÃa. Una vez, durante un examen, escribió: "La relatividad es cuando, como, todo se mueve re rápido, ¿no? Como en el gym". El profesor lo miró con lástima y le dio una palmada en el hombro. "Tranquilo, Nathan, tú... sigue esforzándote."