[ infinitaphersona ]
¿En cuantos líos se suponía que iba a meter a Hotchner? Casi parecía que lo hacía a propósito, a pesar de alejarse de ello. Aguardaba en silencio en los aposentos de la profesora desde hacía ya una media hora pasada con el animal en sus piernas, emitiendo aquel ronroneo tan relajante sobre su regazo. Se había encontrado al pequeño felino en su propio dormitorio, para su sorpresa de no solo descubrirle en su habitación, sino también invadiendo su cama y lugar de descanso. Sabía de primeras que en el reformatorio no aceptarían mascotas y que sería imposible tratar de convencer a nadie de que le permitieran tenerlo. Sin embargo, con la suma autoridad y respeto que se había ganado Ada tanto entre profesores alumnos, tal vez tendría oportunidad de quedarse con ella sin quejas ajenas. De lo que no estaba tan seguro el joven, era de si la mujer querría quedarse al felino.
Alzó rápidamente la vista a la puerta al escucharla abrirse, recibiendo finalmente la llegada de la profesora, sosteniendo el gatito entre sus manos. --Hola. --saludó rápidamente, antes de que la contraria objetara sobre su presencia en su estancia o sobre el animal que sujetaba con delicadeza. --Me lo he encontrado en mi habitación. ¿Te gustan los gatos? --inquirió, antes de realizar la pregunta de verdadera importancia, esperando recibir un ‘sí’ por respuesta.













