Yᴏᴜ'ʀᴇ Yᴏᴜ
crystal-letters
No tenía esperanza, no tenía siquiera una luz de vida en sus ojos, todo estaba acabado para el ex príncipe Hans. Después del incidente de Arendelle, regresado a las Islas del Sur como un traidor, Hans fue condenado por sus actos, siendo "merecedor" del peor castigo, la pena de muerte. Ya no tenía ninguna esperanza, realmente estaba dispuesto a asumir las consecuencias de su avaricia, no se avergonzaba de lo que había echo, si no que se arrepentía de no haberlo logrado, en su mente quedaba el "Al menos lo intenté". Eso enojaba más a sus hermanos, que querían verlo humillado, sintiéndose mal, que rogara por su vida, querían verlo arrastrarse por compasión, más Hans había aprendido con los años que no debía bajar la cabeza, tanto tiempo sufriendo por el maltrato de sus hermano y el odio de su madre había ocasionado en el una frialdad que pocos entenderían.
La venganza de su hermano mayor, Nicholas; actual Rey de las Islas del Sur, fue que Hans rogará el perdón a la Reina y la Princesa de Arendelle. Así que por esa razón estaba en aquella tierra que estuvo a punto de ser suya, pero ahora regresaba sin título, custodiado por guardias de las Islas y de Arendelle, encadenado y en estado deplorable, los grilletes apretaban sus muñecas detrás de su espalda, estaba cansado de cargar en sus tobillos el peso de las cadenas, pero lo que más le dolía era el echo de ver a las chicas, Anna y Elsa. Hans había tenido un cariño desinteresado con Anna al inicio, a Elsa la admiraba a la distancia, pero sus prioridades eran otras simplemente. ¿Quién diría que ahora estaría ahí, arrodillado ante el trono de la Reina, esperando por su última audiencia?













