Que nos parta un rayo
La rutina de "ocio" del hospital siempre dejaba mucho que desear y cuando en el exterior empezó a llover a mares la cosa sólo empeoró. Eso significaba que las luces del viejo edificio tintineaban y fallaban de vez en cuando pero aún así la mayoría se amontoban frente al único televisor mientras otros mataban las horas con juegos de mesa en la sala de estar.
-Me va a dar un puto calambre cerebral del aburrimiento- protestó Hannibal exasperado, mirando al interno más cercano a su posición -¿Sabes por qué se suicidó el libro de matemáticas? Porque tenía muchos problemas- empezó a reírse de su propio chiste, un tanto desafortunado en un lugar como aquel.












