Durante todo ese dĂa pensĂ© que la expo se llamaba Garden of Deleite. PensĂ© ah, que gracioso, un chiste que mezclaba el JardĂn de las Delicias y una anĂ©cdota personal que me desvĂa un poco del tema pero la cuento igual, total hace a la historia y me ayuda a entretejer este texto que seguro lo vengo caldeando desde hace no sĂ© cuánto. La cosa es que fui a ver otra expo, no de la que voy a hablar ahora, pero una de mi amigo Nico Oyuela, dentro de la Feria Fain y pensĂ© mientras veĂa sus pinturas que se veĂa todo muy JardĂn de las Delicias. Por la paleta que era color caramelo de uva, por los arbustos de rubĂ y las criaturas del Dulce Reino. Todo mezclado y conviviendo en una visiĂłn extática y apetecible a mis ojos y a mi boca. Una semana despuĂ©s me llega a travĂ©s de las redes sociales la promociĂłn de Garden of Delete, una expo de Luis Campos curada por RRPP aka Antonella Rava aka Relaciones PĂşblicas. Quiero ir fue lo primero que pensĂ©. Quiero ir porque a mĂ la pintura me gusta más que cualquier otra cosa. Las ideas por lo general me aburren muchĂsimo ya que las certezas me interesan muy poco y siento que las ideas son por lo general intentos de crear certezas. La pintura en cambio es caprichosa, sexy, pero lo que más me gusta de la pintura es el detalle y la delicadeza. Yo no pinto eh, solo soy fan. Tampoco hablo de toda la pintura, pero sĂ de la que yo considero buena porque yo tambiĂ©n soy caprichosa.Â
Fui con mi amigo Dan, que acababa de llegar a la Ciudad de MĂ©xico y su amigo Jacob que tambiĂ©n acababa de llegar. Entramos y ellos se quisieron ir enseguida. Otro amigo, Jason, los iba a llevar a un lugar dĂłnde iba a haber más chicos y como andamos todas buscando algo, fueron a ver quĂ© onda. DespuĂ©s resultĂł que los chicos eran hetero a lo que yo preguntĂ© si eran lindos o interesantes y me respondieron que no. Yo no sabĂa muy bien si irme a mi casa o quedarme, si Dan y Jacob se iban, me quedaba sola en un lugar donde solo conocĂa vagamente a Susana y a Antonella. DudĂ© unos quince minutos, pedĂ un Uber y lo cancelĂ©, hasta que finalmente me parĂ© en el medio del espacio -algo sobre lo que voy a hablar a continuaciĂłn- y me dije a mĂ misma Me quedo acá, voy a hablar con el artista que además de que me gustan sus pinturas me parece lindo y además voy a hablar con Susana y con Antonella que me parecen lindas y creo que me caen bien. Me conseguĂ una copa, la llenĂ© de vino y empecĂ© a hacer preguntas. Lo primero que me contĂł Luis Campos fue que la muestra se llama asĂ por el disco de Oneothrix Point Never. No conocĂa la banda, pero me imaginaba el sonido a partir de las pinturas, pensaba que podĂa sonar a algo fragmentado y caĂłtico pero fundamental y subyacente. Como los parásitos que segĂşn yo veĂa en muchas de las pinturas y los que segĂşn yo, componen parte fundamental de nuestro organismo, lo queramos o no. Parásitos, cosas eliminadas que en realidad no desaparecen, andamios, estructuras para todo lo que no sabemos para quĂ© sirve pero está ahĂ. Como si la realidad fuera un lienzo y las pinturas de Luis fueran tajos en ese lienzo que dejan ver lo que hay detrás. El pincel como una navaja es una imagen recurrente en mi corta, espasmĂłdica y amateur carrera de escritora sobre arte. Â
Mientras caminaba a travĂ©s de ese jardĂn de la eliminaciĂłn pensaba Âża dĂłnde se van las cosas que borramos y despuĂ©s eliminamos de la papelera de reciclaje? Lo iba a googlear, pero no importa porque en parte sĂ© que no desaparecen, como no desaparece nada ni aunque intentemos darle delete y despuĂ©s vaciemos nuestras papeleras. Se queda ahĂ y estas pinturas me lo mostraron. Es lindo cuando el Ăłleo sobre el lienzo hace una magia. Para mĂ los lienzos de Luis eran un hackeo a mi realidad visual esa noche. Pequeñas ventanas, algunas más pequeñas que otras, cosa que a mĂ me DeleitĂł muchĂsimo. DemuĂ©strame quĂ© tan sutil, quĂ© tan detallista, quĂ© tan suave podes ser con ese pincel y llegarás a mi corazĂłn. HabĂa dos pinturas pequeñas y preciosas, una sobrepuesta sobre otras dos o tres, pegadas intentando borrar a la anterior, pero en ese movimiento lo Ăşnico que lograban era insistir más en su punciĂłn reveladora. Enmarcada con piedras, la otra verdad se asomaba en una composiciĂłn a la que no le faltaban los andamios siempre presentes, los parásitos intrĂ©pidos y algunos objetos random derritiĂ©ndose entre sĂ, formando lo más parecido a la memoria y a la consciencia. Un jarrĂłn, una mano, y lo demás es forma que se derrite y me absorbe. El otro, mi otro favorito, es el que quiere borrar a otros dos que nunca verĂ©, pero que tanto el artista como Susana me dijeron que eran lindos. En el fondo amarillo se confirmaba mi hipĂłtesis, el desgarramiento del lienzo que desgarra y abre ahora adentro del portal que hackea, otra dimensiĂłn que apenas veo a travĂ©s de unos rasguños. DemuĂ©strame que tan febril puedes ser con tu pincel, oh pintor, y tendrás mi corazĂłn, pienso.
A Luis Campos no pude ligármelo porque está comprometido, pero pude seducir y ser seducida por sus pinturas que me envolvieron en una atmĂłsfera charlatana y coqueta. Gracias a ellas pude catalizarme y hacerme amiga de Susana y Antonella, ambas viven en ese edificio en la calle Ciencias. Antonella vive de hecho en ese mismo espacio, tema con el que me gustarĂa terminar esta nota. Quiero decir que hacĂa mucho que no iba a un lugar tan genial a ver obras de arte. Más allá de que la sala en sĂ misma es linda y propone una dinámica para ir y venir y circular, Antonella hizo un trabajo muy bueno de curadora y montajista. PensĂ© en Lagos y en cĂłmo nunca podĂa verla a ella totalmente, siempre era una figura que se me perdĂa en un espacio gigante lleno de gente y obras. Acá la veĂa todo el tiempo, no solo porque estaba ahĂ, si no porque sentĂa su presencia en los detalles. Dame detalles curadora, y tendrás mi atenciĂłn. Pienso…
Es cierto que no hablé de las instalaciones, no sé qué decir, no es algo ni bueno ni malo, solo que como ya repetà mucho: amo la pintura más que cualquier otra cosa.