Este texto (Berríos, F., 2006) empieza contando que "todo comenzó en Curanilahue" cuando un grupo de universitarios fue a misionar. Nunca imaginamos que de ahí, casi por casualidad, comenzara un largo camino que nos involucró para siempre con gente maravillosa que sobrevive a diario en la pobreza. Gente luchadora, llena de esperanza y humanidad.
Así como escarbando en la basura que la sociedad desecha, los pobres sacan riqueza que la basura guarda y encuentran cartones, papeles y otros utensilios para sobrevivir; así también de la pobreza material, y a veces de la miseria que les toca vivir, sacan la riqueza de valores que la pobreza guarda. De ella se enriquecen ellos y nos han enriquecido también a nosotros. !Ellos, los más pobres del país, nos han enriquecido! Les dieron otro sentido a nuestras vidas. Nos abrieron los ojos. Nos han evangelizado.
Llenos de nosotros mismos, fuimos a Curanilahue a misionar, seguros de un Dios que dominábamos. Pero terminamos siendo nosotros los misionados por la pobreza. En ella nos habló el Dios de Jesucristo y para nuestro bien nunca más fuimos los mismos. Podemos decir con alegría y en un buen sentido: "Fuimos por lana y salimos trasquilados".
Capetallán de Un Techo para Chile