Fictober Day 01
Prompt number: "no, come back!”
Fandom: Boku no Hero Academia
Rating: Teen
Warning/Tags: None
Count word: 918
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DONDE NOS CONOCIMOS, DONDE ME ARRUINASTE
~Lain Faustus
–¡No, regresa! -ordenó furioso, pero en los ojos encendidos del dragón sólo vio ira asesina.
***
Kirishima era un hermoso dragón con la mágica habilidad de convertiste en humano a voluntad. Claro que eso no lo eximía de ser sólo una propiedad del príncipe salvaje, Bakugo Katsuki, aunque él no lo trataba de esa manera. Al crecer juntos, era obvio que su amistad estaba profundamente arraigada, que, sin que ellos mismos lo planearan, comenzaron un romance a escondidas.
Las salidas de cacería les servirán para esconderse un par de horas de los vigilantes ojos de los reyes, y daban rienda suelta a la desmedida pasión física que pronto los dejaba desnudos sobre el césped que los escondía de cualquier mirada curiosa, aunque en los campos a los que Kirishima llevaba volando a su amado príncipe no había ni un alma humana que interrumpiera aquel fervoroso momento. Era como si sus almas hubiesen sido creadas en el inicio del universo para encontrarse y complementarse sin importar la diferencia de especies.
Pero en la aldea, escondida entre el bosque, todo era diferente. Kirishima recibía el trato de un animal, sin que Katsuki hiciera algo para cambiar el mal trato que recibía su rojizo amante, de hecho parecía alentarlo riendo cuando alguien hacía caer al indefenso dragón, o dejarlo en ridículo para divertir al príncipe. Katsuki era diferente cuando estaban con otros humanos.
Esto hacía que, durante la noche, enjaulado en un establo hecho sólo para él, Kirishima se preguntara qué pasaría si alguna vez se encontraban con otro dragón. Quizá Katsuki lo tratara mejor, quizá incluso buscaría a su familia y se casarían.
Y entonces ya nadie se burlaría de él.
Katsuki y él serían felices.
Como cada mañana, un hermoso sirviente de cabello y ojos verdes fue a desencadenarlo y limpiar la jaula mientras Kirishima se estiraba y, convertido en dragón, daba unas vueltas sobre la aldea.
Un rato después, él y Katsuki salieron de cacería, tuvieron una ardiente sesión, en las que Kirishima escuchaba las zalamerias de Katsuki, hasta que terminaba sudorosos, entre la hierba alta, mirándose con amor. Y la promesa de siempre:
–Quiero pasar —decía Katsuki– el resto de mi vida contigo.
Pero ese ocaso, al volver, se encontraron con una gran celebración, y una algarabía que se avivó cuando Katsuki puso un pie en la tierra. Kirishima detrás de él, lo observó recibir felicitaciones por su nuevo compromiso. Compromiso.
Kirishima sonrió, se sonrojó, y entonces, los jefes de la aldea presentaron al compañero de vida de Katsuki: el sirviente de ojos verdes. Al parecer era de los pocos de la aldea que aún pertenecían a una raza muy antigua, y era un honor para los jefes de la aldea que su hijo se casara con él, aunque no fuese de la realeza.
Kirishima observó a Katsuki acercarse al sirviente, bellamente ataviado de blanco y piedras preciosas, y lo besó, con un fervor desconocido para él. El gesto fue celebrado por todos, lanzaron pétalos de flores de colores y abrieron camino hasta una mesa llena de comida con dos tronos hechos para los nuevos príncipes.
El sirviente se veía hermoso y feliz.
Y él se quedó allí, cuando uno de los guerreros extranjeros, Kaminari, se acercó a él.
—Vaya gesto –se burló–, ¿de verdad no creíste que tú serías su príncipe, verdad?
—Yo no dije nada…
—No tienes que decirlo, se te nota el amor, pero eso jamás iba a pasar, sería horrendo.
—¿Por qué soy un dragón?
Kaminari rio.
—¿Acaso no sabes cómo se captura a un dragón?
Había maldad en su voz y en su sonrisa.
La misma maldad en la historia que le rompió el corazón.
Kirishima fue encerrado y encadenado por una nueva sirvienta castaña que se fue sin decirle nada al dejarle la comida, pero Kirishima no comió.
La comida no lo ayudaría.
De pronto, escuchó las pisadas de Katsuki. El príncipe comenzó a hablar con él sobre el matrimonio, sobre la celebración que harían, sobre su prometido Izuku. Pero Kirishima no lo miró. Katsuki lo hizo salir, pero Kirishima salió despedido, volando lejos. Katsuki lo alcanzó, a la orilla del risco.
—¿Estás molesto por el compromiso? Sabes que lo que tenemos no iba a pasar de un romance, pero te prometo que seguiremos yendo de cacería...
—Kaminari me contó cómo se captura a un dragón.
Katsuki no se inmutó. Estaba furioso.
—¿Y cuál es el problema? Se ha hecho de esa manera desde hace años…
—¡Los mataron!
—¡Claro que sí! Se mata a los padres y a los hermanos para que no te sigan.
—Era mi familia…
—Sólo eran un montón de dragones viejos, ya ni siquiera volaban, cuidaban de ti y otros huevos que no sobrevivieron al viaje.
—Lo dices como si yo no fuera alguien importante…
—Eres sólo mi mascota, Kirishima, no hagas esto más grande…
Kirishima se volvió un dragón rojo, imponente para su pequeña estatura. Katsuki dio un paso al frente.
—¿Te irás? —se burló— Tú no vas a abandonarme, ¿a dónde irás, ah?
—A donde sea…pero lejos de ti…
Las alas se batieron lentamente, elevándose.
—No te irás, ¡te lo ordeno!
Kirishima siguió elevándose, alejándose.
—¡No, regresa! —ordenó furioso, pero en los ojos encendidos del dragón sólo vio ira asesina. Kirishima voló sobre Katsuki, sobre la aldea, pero no hizo nada. Voló lejos. Con el corazón roto.
Desde ese día, nada consoló al príncipe, que no sabía cuánto amaba al dragón que desapareció una noche.
🍁Lain Faustus 🍁
(If you want to do a translation, I will be delighted. Just ask for permission and don't forget to set the rights)












