¿Quién te dijo a ti que tenías talento?... creo que fue mi mamá...
Que importante sería que cada persona lograra poner a disposición del bien común cada uno de sus talentos, ya que cada uno de nosotros cuenta con algún talento especial o algo que se nos da mejor, si así es... ¿cómo no dejar de ofrecerlo a los demás?.
El problema aquí no es querer o no querer ofrecer algo importante que tenemos, lo central aquí es que la mayoría de las veces no sabemos que es “eso que tenemos”, no nos detenemos siquiera a cuestionarlo.
La gravedad del asunto solo toma relevancia para nosotros, cuando nuestro entorno cambió, cuando lo que creímos que era para siempre, ya no lo es; lo que generaba un piso o sostén físico y psicológico, ya no se da más.
Sobreviene la crisis, ansiedad, gran temor, angustia en los peores casos, llámense a estas situaciones cesantías, conflictos laborales, fracasos empresariales, problemas personales, desmotivación y falta de satisfacción.
Ahora qué tal si antes de esperar pasivamente que la corriente de los cambios económicos, sociales, políticos o tecnológicos nos arrastren sin que tengamos control alguno sobre ellos ¿me anticipo?...
¿Cómo se hace esto?...
Para darnos cuenta a veces no podemos solos, porque hemos mantenido por mucho tiempo puntos de vista y creencias que ya no nos sirven, no son útiles en nuevos entornos cambiantes, es razonable hacer una renovación de nuestro vestuario de creencias, realizando ese necesario cambio de temporada, este sería un buen camino; de la mano de actualizar la caja de herramientas, incorporando nuevas competencias, como las habilidades blandas tan requeridas actualmente por las empresas, tanto o más que las mismas habilidades técnicas propias del cargo. Buscar un entrenador que te ayude a sacar tu talento, el que te haga ver esos nuevos puntos de vista, mirar con otras perspectivas este mundo que sin darnos cuenta otra vez cambió...






