Quise llamarte “amor”.
Cuando te conocí, también conocí una parte de mí.
Con tu compañía, me hiciste darme cuenta de lo mucho que podemos llegar a sentir. Que el miedo a intentarlo puede durar años y que el corazón se acomoda a sentirlo todo y a decir nada.
Cuando te conocí, también conocí una parte de mí.
Jamás imaginé escribir para ti pero me topaba con cada palabra, cada poema y terminaba en comerme cada estrofa para enredarme en el recuerdo de tu aroma. Dejé a un lado lo que me hacía sentir poca cosa.
Cuando te conocí, también conocí una parte de mí.
Comencé a elaborar todo un designio con un sinfín de palabras hermosas pero sobre todo, de vivencias en nuestras bocas. Perdí el miedo a que me tacharan de loca.
Cuando te conocí, también conocí una parte de mí.
Tenía el deseo de crecer, caminar, bailar, cantar y hasta de soñar contigo. Sé que tú también te morías de ganas de estar conmigo.
Cuando te conocí, nació mi tendencia a pensarte en futuros inciertos y me disfrutaba el tiempo imaginándonos porque sabía que nos recordaríamos por soñar despiertos.
Cuando te conocí, compartíamos las ganas de empacar las maletas e irnos a otro planeta; pero sin darnos cuenta, cambiamos de rumbo mientras que yo solo quise llamarte amor.













