Las artes escénicas son las disciplinas artísticas que están destinadas a ser representadas frente a una audiencia, estas manifestaciones pueden ocurrir en entornos destinados especialmente para ello, pueden ser escenarios, teatros y salas de espectáculos o bien pueden llevarse a cabo en el espacio público como plazas o parques.
Existen3 grupos de artes escénicas: la danza, el teatro y la música, dentro de estos grupos se incluyen diversas formas artísticas, como el ballet, la ópera, el recital, los títeres, el performance y todas aquellas disciplinas que requieran de un espacio escénico, en algunas ocasiones se incluye a los desfiles, procesiones religiosas, fiestas populares o carnavales.
Las representaciones artísticas son un tipo de arte efímero porque ocurren en un tiempo y lugar concreto y se valen de recursos como la palabra, la música, el movimiento y el sonido, pueden incluir objetos, escenografía, vestuario, maquillaje, tecnología y todo aquello que ayude en el proceso de producción de la obra o pieza artística.
Los principales tipos de artes escénicas son:
Teatro. Es una de las artes escénicas más cultivadas y de mayor impacto, que consiste en impartir un mensaje a través de la representación, por parte de uno o varios actores, de una historia real o ficticia. En su puesta en escena suelen darse otras artes escénicas (como el canto y la danza) y también elementos de la literatura, como los diálogos y el guion. Además, el teatro suele utilizar objetos o escenografía que ayudan a dar contexto a las obras (que pueden ser comedias, dramas, musicales, tragedias, entre otras).
Danza. Es un arte que consiste en el movimiento del cuerpo al ritmo de una música. Existen distintos tipos de danzas que son llevadas a cabo por uno o más bailarines, como el ballet clásico, la danza contemporánea o las danzas folclóricas. Es una de las formas artísticas más antiguas de la humanidad y solía formar parte de celebraciones y rituales.
Música. Es una de las formas estéticas más complejas, que logra mediante sonidos realizados con diversos instrumentos producir sinfonías de diversa complejidad y longitud que evocan distintos sentimientos e impresiones. Existen distintos estilos musicales y formas en las que se representan, como los conciertos, recitales, coros, óperas, entre otros.
Circo. Es un arte que se basa en una puesta en escena y en la exhibición de destrezas, como malabarismo, equilibrismo, trapecismo, y personajes circenses como los magos y los payasos. Los circos suelen hacer puestas en escena itinerantes y son herencia del legendario circo romano, al que se le incorporaron elementos menos agresivos.
Performance. Es un arte formado por manifestaciones más o menos definidas de distintas disciplinas, que suelen ser improvisaciones o actos preparados que ocurren en un escenario o en lugares públicos. Algunos ejemplos de performances son el happening o el fluxus.
¿Cuáles son los elementos de las artes escénicas?
Las artes escénicas requieren de los siguientes elementos principales:
Intérpretes. Son actores, poetas, bailarines, músicos o cualquiera otra persona o grupo que emplea su cuerpo en escena y asume un rol para producir un efecto estético. Son indispensables para llevar adelante cualquier representación.
Público. Está formado por un grupo de personas frente al que se realiza la representación. En algunos casos, el público es convocado por los artistas para asumir un rol activo dentro del espectáculo.
Escenario. Es el lugar físico en el que se lleva adelante la acción cultural. Este escenario puede estar en un teatro o en una sala de espectáculos, o puede ser la calle, una tarima improvisada, una plaza pública, entre muchos otros.
Objetos. Son aquellos bienes materiales que funcionan como apoyo dentro de la representación. Estos objetos pueden formar parte del decorado escénico, pueden ser partícipes de la representación o funcionar como ayuda técnica para producir un efecto deseado.
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Recibe gran respuesta del público local y visitante el Encuentro de Artes Escénicas de Morelos 2024
🖊#Cultura | Recibe gran respuesta del público local y visitante el Encuentro de Artes Escénicas de Morelos 2024
+INFO:
El Auditorio Ilhuicalli de Tepoztlán fue el escenario del Encuentro de Artes Escénicas de Morelos 2024, que se llevó a cabo con gran éxito del 02 al 04 de agosto, evento que ofreció ocho espectáculos gratuitos de teatro y danza en tres funciones por día con una audiencia de más de mil espectadores de Morelos, Estado de México y Ciudad de México.
Al respecto, Julieta Goldzweig Cornejo, secretaria…
Se anuncian los resultados del Circuito Nacional de Artes Escénicas Chapultepec: Teatro y Espacios Independientes 2022
134 grupos artísticos presentarán 1,340 funciones en ocho circuitos que recorrerán toda la República mexicana
Se beneficiarán más de 2,000 artistas escénicos
La Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del proyecto prioritario Chapultepec, Naturaleza y Cultura, y el Centro Cultural Helénico, en coordinación con la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, da a conocer a quienes formarán parte del Circuito Nacional de Artes Escénicas Chapultepec: Teatro y Espacios Independientes.
Esta convocatoria seleccionó a 134 grupos artísticos de todo México que ofrecerán un total de 1,340 funciones de teatro e interdisciplina. Los espectáculos se llevarán a cabo a lo largo de cuatro meses de giras en espacios escénicos independientes de los estados que conforman los ocho circuitos de esta convocatoria: Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Sinaloa, Sonora, Coahuila, Durango, Nuevo León, Tamaulipas, Campeche, Quintana Roo, Tabasco, Yucatán, Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Aguascalientes, San Luis Potosí, Nayarit, Zacatecas, Colima, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Querétaro, Ciudad de México, Estado de México, Hidalgo, Guerrero, Morelos, Puebla y Tlaxcala.
El programa distribuye un total de $37,837,00.00 millones de pesos entre creadoras y creadores, al igual que entre personas trabajadoras en los espacios escénicos independientes que participaron en la convocatoria. Los premios otorgados van desde los $232,000.00 pesos hasta los $390,000.00 pesos —de acuerdo con el circuito, la distancia entre estados y el número de integrantes que viajará para el desempeño de las funciones—.
Adicionalmente, ocho grupos de artes escénicas recibirán un monto de $65,000.00 pesos por la realización de una función en el Complejo Cultural Chapultepec. Los proyectos elegidos para llevar a cabo estos espectáculos son: Las niñas de la guerra, del Colectivo Teatral Aguaalada; ¿QUI? - Querida ucronía intemporal, de Circo Lilíchi; La tierra azul como una naranja, de Acción estudio. Teatro físico; Valentina y la sombra del diablo, de La Valentina Teatro; Femininjas, de La luciérnaga teatro; Por temor a que cantemos libres, de Teatro de los Sótanos; A la calle; los dos hidalgos de Verona, de Ráfaga Teatro; y La última reta de tazos, de Pop Teatro.
El director del Centro Cultural Helénico, Antonio Zúñiga Chaparro, comenta: “Se trata de un esfuerzo conjunto que nuevamente apoyará a más de dos mil artistas e implica la circulación, la programación y la movilidad de las artes escénicas a través de una iniciativa de alto impacto nacional orientada a la creación de nuevos públicos. De igual manera, se busca el desarrollo integral de las y los intérpretes, así como la reactivación económica de las artes en México”.
Gracias a este proyecto, el Centro Cultural Helénico, en línea con los ejes de trabajo de la Secretaría de Cultura, se ha consolidado como una de las instituciones líderes en la descentralización de la riqueza cultural, en el fomento a las artes escénicas comunitarias, así como en la creación de redes colaborativas entre las instituciones culturales, los foros teatrales y las y los creadores.
De este modo, el programa que surge del proyecto prioritario Chapultepec: Naturaleza y Cultura, se robustece como la mayor red de encuentro de agentes culturales dedicados a las artes vivas; por ello resulta fundamental su continuidad y perfeccionamiento. Asimismo, el Circuito Nacional de Artes Escénicas Chapultepec: Teatro y Espacios Independientes se encarga —entre otras cosas— de llevar diversas piezas escénicas a zonas de difícil acceso, abonando así al objetivo de no dejar a nadie atrás.
Las y los especialistas en artes escénicas que conformaron los comités de selección fueron:
Circuitos 1, 2 y 8: Laura Elena González Sánchez, Jorge Noé Lynn Almada y Sol Gutiérrez Sánchez.
Circuitos 3, 4, 5 y 6: Gabriel Francisco Brito Camacho y Luz Emilia Aguilar Zinser.
Es importante señalar que Raymundo Garduño Cruz también formó parte de este comité, pero falleció pocos días antes de llevarse a cabo la deliberación. Sirva esta mención como reconocimiento de su labor.
Circuito 7: Miguel Ángel Septién Alcántara, María del Socorro Loeza Flores y Aristóteles Lara Bonfil.
Los resultados completos pueden consultarse en las páginas: contigoenladistancia.cultura.gob.mx y helenico.gob.mx.
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Por @leonergo || Fotos de @crasherparty || Aquí las fotos en alta definición
Hay ocasiones en las que uno, después de meditar bastante -una vez que ha revisado y revisado sus anotaciones- debe emitir un juicio duro, el cual, no gustará a aquél a quien se juzga. En esta ocasión, me toca hacer eso.
El día viernes 06 de julio, la obra Hablemos de amor comenzó temporada en el Teatro La Capilla; una temporada de 8 funciones (los días viernes a las 20:30 hrs.) hasta el día 31 de agosto... demasiado larga... demasiado tortuosa... el teatro mismo será asesinado 8 veces distintas.
Como siempre, pondré las cosas claras y, luego, las explicaré en párrafos subsiguientes: la puesta es ambiciosa, pretenciosa, desangelada, fuera de tono, ambigua y poco clara.
Dividiré la reseña, como siempre, analizando tres aspectos: texto, interpretación y producción. Comenzaré por el texto, por ser el esqueleto sobre el que descansa todo.
El texto
El texto tiene un problema fundamental: es pretencioso. Todo texto que desee abordar un tema desde una perspectiva determinada debe adoptar la postura de esa perspectiva; debe comprenderla y saber hilar los argumentos correspondientes a la postura que se desea sostener y, en el caso específico de “Hablemos de amor”, al momento de introducir textos filosóficos complejos debe de adoptar la postura y el hilo argumentativo desde la postura netamente filosófica de tales textos: algo que en la obra, esto no ocurre.
Como dirían por ahí: zapatero a sus zapatos. La filosofía no es literatura y, aunque se pueden desarrollar ideas filosóficas desde el arte, debe de cambiarse el lenguaje y la clave interpretativa del mensaje para adecuarla al medio: cosa que no pasa en esta puesta escénica. Lo cual la vuelve ambigua y poco clara.
Siguiendo con la crítica al texto dentro del mismo tono, la propuesta plantea abordar diferentes tipos de amor dentro del discurso de la obra; lo cual estaría genial, si no fuera porque el texto no llega sino a presentar un tipo de amor y medio: en parte el eros... en parte el ágape... pero completamente transformados, incompletos y fragmentados lo cual, transforma el éxito que podría tener en pretensión; a los autores, adaptadores de la obra y actores, si quieren un solo texto medianamente sencillo que pueden usar para adaptar mejor el contenido que desean presentar, se les recomienda la lectura “Los cuatro amores” de C.S. Lewis o una revisada al “Banquete” de Platón.
Por último, y para conectar con la segunda parte de esta reseña, la estructura del texto -como si fuera una antología de escenas- funcionaría si no fuese porque los monólogos que interconectan a éstas son justamente el problema antes mencionado. Y, justamente, en estos monólogos comienza la crítica al trabajo actoral en la puesta.
Los actores
Los problemas en el texto se trasladan a la actuación: durante toda la puesta los actores parece que simplemente repiten los enunciados sin entender lo que dicen: en sus caras no hay expresiones... en algunos sólo observé esa expresión que un estudiante tiene al intentar contestar un examen esforzándose por recordar la respuesta: al espacio, con ojos vidriosos... con expresión bovina.
Ahora bien, en la obra -al constituirse de retazos- los actores debían cambiar el tono y adaptarlo a cada escena presentada atendiendo al contexto y a la cohesión interna de cada obra y no únicamente tomando en cuenta dichas escenas como átomos separados de un todo. Justamente en eso fallaron los actores: los tonos no respondían a las escenas ni a los personajes; las expresiones que debían de ser sutiles se pasaban y las voces que debían de ser casi un susurro se trocaron por gritos sobreactuados.
Es en cada una de estas escenas, transformadas en piezas, donde ocurre la masacre no sólo del teatro clásico: ¡sino incluso de textos que en nada tienen que ver con éste! Porque, si de algo más peca el texto, es de mal adaptar por ejemplo, piezas místico-teológicas procedentes de San Agustín o de volver más malas de lo que son de por sí, otros textos, por ejemplo, un poema de Sabines...
Aclaro aún más el párrafo anterior por medio del análisis de las escenas: en el texto de San Agustín utilizado para representar el “amor divino” -cuyo fin se quedó a medias por el malentendimiento del ágape cristiano propugnado por las reflexiones agustinianas y fundamentado (al menos en las primeras partes de Las Confesiones) en un neoplatonismo que retoma las diferentes dimensiones del eros platónico- el actor parecía que estuviese declamando, sobreactuadamente, un poema del tipo “las rosas son rojas...” o “mamá, soy Paquito...” y no que estuviese sosteniendo una conversación encarnizada con un Dios al que ama profundamente pero que no puede observar del todo: porque se le oculta y se encuentra a lo lejos en medio del Misterio.
Por otra parte, en la segunda pieza presentada, proveniente de “El loco amor”, escrito por J. Ibargüengoitia, la actriz que interpreta a María lo hace medianamente bien, en cambio, el actor que interpreta a Juan lo hace de tal forma que más bien parece su comadre y no su galán-héroe-enamorado. Si bien la obra corresponde a una comedia, el ejercicio interpretativo parecía más bien transformar la escena en una farsa donde al humor de Ibargüengoitia se le hacía coquetear casi con el sarcasmo o la ironía... cosa que, al menos en este texto, el autor propiamente no plasma: en conjunto le dieron un aire de comedia clásica griega y no de escena amorosa casi bucólica.
Siguiendo con la masacre, la escena siguiente -luego de la reflexión rebuscada y casi bizantina que interrumpe cada salto de escena- correspondió a la comedia “El castigo sin venganza” de Lope de Vega en donde, justamente, se cambió la comedia -que sí debía ser muy en el tono de la clásica griega- por una interpretación casi trágica.
A continuación, en un ejercicio casi isabelino, los actores presentaron un fragmento de “Madame de Sade” escrita por Yukio Mishima; un fragmento en donde uno de los actores hace de Madame de Montreuil (la madre) y una de las actrices hace a Renée (Marquesa de Sade, la hija); él, en el papel de la mujer, no desapareció: parecía lo que era... un hombre lastimándose la voz al intentar un tono más agudo, con un trapo en la cabeza por capucha y una leve actitud amanerada sólo para acentuar una feminidad inexistente.
Del “Sacrificio de Yogataro” -escrito por E. Jardiel Poncela no hay mucho qué decir. La ejecución fue correcta -con un par de adiciones al texto perdonables por la figura de la “adaptación”. Y, siguiendo al interludio filosófico ya tundido, y a la adaptación enérgica sobre el soneto 160 de Lope de Vega... llegó el parricidio de los actores: la interpretación que hicieron de la escena de Otelo y Yago, en donde O. Welles, M. MacLiammóir, L. Olivier, F. Finlay o K. Branagh podrían decir “WTH?!” En esa escena, si bien hubo bastante energía y bastante uso del físico, eso no alcanzó para perdonar la expresión de vacío en los ojos de los actores, el acartonamiento casi telenovelesco de los mismos y los errores de dicción que hacían inentendible parte del discurso de Otelo.
Después de esa escena ya no esperaba nada. Nada me impresionó, conmovió o motivó. La escena de Cyrano de Bergerac contó con un trabajo de duelo medio, la muerte de Cyrano puede ser comparada con la primer muerte de Soraya Montenegro y la actuación de la supuesta enamorada de Cyrano, con las lágrimas de botellita que usaba Marimar al momento de darse cuenta que le habían quemado a sus abuelos.
La supuesta tensión sexual en el innecesario numerito del baile de conga en el suelo con las palabras de Sabines brotando de las bocas de los actores, no se sentía; es decir, se percibe mucha más tensión sexual en una escena entre Patricio Estrella y Bob Esponja que en esa mala recreación de una escena orgiástica de Sense8.
La producción
Pasaré ahora a la última parte: la producción. De alguna forma, el director no pareció darse cuenta de que, al intentar hacer dinámica su obra esparciendo a los actores por todo el teatro, sacrificó los cuellos, los ojos y la atención de los asistentes. Explico: en un espacio como La Capilla, donde el gallinero está prácticamente conformado por dos columnas inmovibles y el espacio es propio para una presentación de teatro de proscenio, al momento de ubicar las escenas dentro del espacio del público, eso hace que el asistente quiera ponerle atención a los actores, como es natural, volteando la cabeza hacia donde esté la acción. Sin embargo, eso es muy difícil cuando estás en segunda fila y la acción se ubica en el palco central porque, desde ahí, te habla el actor. Esto es: o volteas y te rompes el cuello o lo tomas como una voz en off y te duermes.
Junto con lo anterior, la iluminación falla cuando la acción se traslada al pasillo central, en donde no hay reflectores, lo cual vuelve al actor una sombra que se mueve y dice cosas.
Por otra parte, el vestuario y la escenografía fue sencillo, versátil y bien logrado: con unos pocos arreglos contaba para una obra del s. XVI o para una de 1960.
En suma
En suma, es una puesta escénica con una intención muy ambiciosa que, en su intento, se queda en una producción pseudointelectual y telenovelesca que desgarra a los clásicos, los desnuda, los rompe, les quita los corazones y pasa sobre ellos en su intento de darles vida nuevamente.
Adaptación libre del texto “Clitemnestra o el crimen”, un relato que forma parte del libro Fuegos (1936) de la primera “inmortal” (así se les llamaba a los miembros de la Academia Francesa) Marguerite Yourcenar; Flores, Frutos y Espinas lleva más allá un texto que nos hace cuestionarnos respecto a nuestro papel como limitantes en el papel de la mujer a la vez que nos narra con fuerza el mito griego de Clitemnestra y el asesinato de Agamenón después de ausentarse diez años por cuestiones bélicas.
Cecilia Tamayo, Sarahi Carrillo, Amparo Barcia* y Amanda Polo* (alternando). Trabajan con su cuerpo y algunos instrumentos para generar la atmosfera de angustia que vive Clitemnestra dentro de su cabeza y su corazón al estar en relativo encierro. La reina del Peloponeso comienza a confesarnos su deseo homicida pero no sin explicarnos el caso; su esposo se va, sus aventuras se saben por todo el reino, ella calla, estoica, cada uno de los golpes que recibe sin que nadie la toque en el silencio.
No bien comienza todo y escuchamos susurros, gemidos agónicos, voces que no hablan pero que explican más entre la penumbra que la misma memoria. Los jueces, nosotros, estamos en el estrado y debemos juzgarla y calumniarla para que al final nuestras manos queden limpias, la pila se lleva nuestra culpa, la tela la seca de nuestros dedos.
Pero ¿es un caso perdido? Como todo juicio debe tener un desarrollo y aquí toda la evidencia nos cae como el agua helada que ahoga los rizos de Clitemnestra y al final nos seguiremos preguntando que tan culpable de crimen fue o quizás repitiéndonos quien tenía razón…
Retomando elementos del Butoh, la expresividad corporal es la mejor arma para mostrarnos esa frustración que la llevo a cometer el asesinato: los músculos tensos hablan de la rabia y el abandono; el rostro desencajado, de la profunda tristeza y frustración. No puedes verla a los ojos y no cuestionarte de lo que piensas sobre ella.
Al principio de la obra se realiza el Klídonas, ritual profético que aún se lleva a cabo en algunas islas de Grecia y consiste en llenar una vasija de barro y verter en ella un pedazo de plomo previamente fundido, todo en el mayor silencio.
Las formas producidas por el metal al enfriarse se utilizan para interpretar el futuro de las mujeres que llevan a cabo el ritual y todo ello suma a la serie de símbolos y signos que enriquecen la obra a niveles profundos. Este trabajo es necesario en estos días (la obra y la auto reflexión). Debemos tomar un papel activo en cuanto a nuestra responsabilidad para con el otro genero más allá de ser jueces sin rostro y comenzar a dialogar con nosotros, a cuestionar lo que se nos ha repetido como el deber ser y comenzar a ser humanos y que mejor manera que con una puesta en escena directa y tan humana como se puede ser.
El Vuelo del Colibrí es el claro ejemplo de que si haces una obra que sepa llegar al público, éste te responderá también elevando el vuelo de la obra acogiéndola como algo muy preciado y esto se refleja en que está por iniciar la quinta temporada de esta puesta en escena divertida, profunda y humana. Una vez que termina y encienden las luces, es fácil darse cuenta por que ha recibido tanto cariño.
Todo transcurre en el apartamento del señor Arthur, un escritor que en un principio puede parecernos cerrado, hosco y odioso; el tipo de vecino que todos tenemos en algún momento de la vida. Quizá su historia seguiría así de no ser porque el nuevo inquilino llega a darle más lecciones de las que el cree que pueda dejarle a su joven vecino, llamado Sinuhé. Completando la triada está el casero Aike, quien jamás se ha acostumbrado a los modos de su inquilino a pesar de los años.
Podría sonar como el escenario perfecto para una sitcom norteamericana de mirar y tirar pero nada más lejos de la realidad. Los hilos se tensan y se entretejen de una manera poética cuando las vidas de los tres se revuelven aunque con mesura por y gracias a Arthur quien pareciera jugar de juez y parte en cada momento pero, en realidad, está tan perdido como los otros dos protagonistas a pesar de tanto conocimiento que posee pues, aunque el conocimiento es poder, a veces lo que necesitas es más un abrazo que un puño de hierro.
La situación se va tornando melancólica, como en la rutina diaria en la que nos despertamos de repente y se vuelve una pecera en la que el pez dorado somos nosotros y el destino es el niño que golpea incesante el vidrio esperando que nosotros hagamos algo. Aquí está el nudo de esta puesta en escena, de la vida misma: ¿cuándo haremos algo? La decisión puede llegar a ser algo aterrador en un mundo en el que parece que se nos terminan las opciones de soñar, de reír, de conseguir un trabajo y además que nos paguen bien, en fin, de encontrar todo lo que nos dijeron que debíamos tener en la vida para ser alguien, simplemente para ser.
Recordemos a los hombres de traje del libro Momo quienes, en su afán por no perder el tiempo, terminan por convertirlo en humo y lo fuman con singular alegría, ellos ya existen pues tienen un propósito definido, Momo en cambio “pierde” el tiempo jugando, preguntando y conociendo el mundo, siendo curiosa, humana. ¿Qué nos sucede si de repente sentimos que encendimos el último cigarrillo de horas que nos quedan y todo en lo que creíamos se vuelve ceniza de repente?
El señor Arthur parece encontrar un rayo de luz en su encierro casi claustrofóbico que no necesariamente requirió de cuatro paredes para hacerle creer que su tiempo de volar ya había pasado; el aleteo del colibrí le regresará un poco la paz y las ganas de volver a tomar decisiones, trasladando esa luz a las personas que cohabitan con él de una manera bellísima, si te dejas en volver por el aleteo, te llevarás una grata sorpresa en el corazón.
Dramaturgia: Cesar Espejo.
Dirección: Alejandro Bejarano
Elenco: Rosendo Gazpel, Rogelio Obregon, Alexis Morales y Abraham de la Rocha.
Lugar: Foro Shakespeare (ZAMORA #7, COL. CONDESA (casi esquina con Veracruz)Ciudad de México)
Horarios de El vuelo del colibrí: Sábado 17:00 horas.