El deseo de aventurarnos a lo desconocido
En una conversación corta, con un amigo y gran artista, me fue recomendado que tocara el tema de la pasión que todos, en algún momento o todo el tiempo, sentimos por viajar. He pasado tanto tiempo de mis 18 años pensando, anhelando y sintiendo tener la necesidad de moverme a otro lugar, que se me hizo imposible negarme a escribir al respecto.
Esos impulsos que nos dan de soltar todo y salir corriendo a otro pueblo o a otro país. Esas ganas inmensas de viajar y conocer distintos lugares, distintas personas y distintas culturas. Esa necesidad que se apodera de tí de querer aprender otras costumbres, pisar otro suelo y respirar otro aire. “Es como una enfermedad”. La peculiaridad de esta enfermad es que no se cura con una receta ni tomándote unos días de descanso; se cura saliendo de la rutina y aprovechando cada minuto al máximo para crecer de una manera que no lo harás en ningún salón, mucho menos quedándote estancado en un solo sitio. Leí sobre esto en algún lugar, hace mucho. Jamás pensé que sería yo la que escribiría, abiertamente, más sobre el tema. Es como estar enamorados de ciudades que nunca hemos visitado y de personas que nunca hemos visto. Es sentir que otras calles, que otras estructuras, que otro ambiente te llama por tu nombre. Suena como una locura, tal vez lo es, pero es un sentimiento que te mueve con pureza.
Actualmente, espero con ansias a que llegue el 1 de julio. Por primera vez, el tiempo de viajar me ha tocado a mí. Los que me conocen saben el deseo incalculable que tengo, desde que tengo uso de razón, de viajar a New York; el momento me llegó. En solo par de días más viajaré por primera vez y a donde siempre he querido ir. Sería una negligencia de mi parte no advertirles, a todos los que me siguen en mis redes sociales, sobre el exceso de fotos que posiblemente publique de este viaje. El verano me ha ido bien, pero estoy segura que esta travesía hará que la palabra “bien” se quede corta y con ganas de más profundidad a su significado.
Presiento que este será el primer viaje de muchos y nada malo le veo a eso. El sentimiento y las ganas de lanzarnos, de aprender, de maravillarnos, de atrevernos a más es uno de esos sentimientos que jamás debemos perder. Es parte de quien somos y de nuestra escencia. Son esos deseos de aventurarnos a lo desconocido y esa pasión por arriesgarnos, la fuente de nuestra juventud.