She isn’t my friend.
El día que tuvo un atisbo de su mejor amiga en uno de los espejos no pudo aguantar el llanto antes de dirigirse hacia donde estaba. Fue fácil, solo tuvo que acceder por el espejo por donde la estaba viendo y salir al de la estancia donde Kala se había estado escondiendo de el mundo.
Esta había llegado a la casa en estado de shock, hasta tal punto de que no se había dado cuenta de tal hecho hasta que, de pronto, alzó la mirada hacia el espejo del dormitorio y se vio con churretes en la cara junto a varios restos de escombros en el pelo y la ropa, señal de la explosión que había causado horas atrás. Tantos meses de autocontrol para tirar todo aquello por la borda en un mísero segundo. Había llorado, por supuesto, todo lo que había descubierto, todo lo que estaba viviendo, estaba siendo abrumador para la mutante, pero ahora simplemente estaba agotada. No quería seguir luchando contra el fénix un solo segundo más, no cuando, a la vista estaba, siempre acababa perdiendo. Así pues, con expresión ausente, se sentó sobre el filo de la cama, mirando a la nada.
- Kala... Tienes que volver a casa, todos estamos preocupados por ti. Dejamos ayudarte. Podemos hacerlos todos juntos, por favor.
Tan sumida como estaba en sus pensamientos, no se dio cuenta de la llegada de Elunay frente a ella, ni siquiera llegó a escucharla o sentir cómo la abrazaba, fueron sus pensamientos los que delataron que estaba junto a ella. Aturdida, alzó la mirada hasta encontrarse con el rostro de su mejor amiga, negando.
—Tienes que irte —murmuró, voz apagada—. Si te quedas y se despierta, no podré hacer nada por salvarte.
- Kala, tú eres fuerte, tienes que luchar contra esto.
Comenzó a quitar con delicadeza aquella suciedad de una de sus mejillas, se daba cuenta de que había un camino que anteriormente había sido recorrido por las lágrimas de su amiga, cosa que hizo que se acercase y le besara aquella parte de su rostro. No podía imaginar por el dolor que debía estar pasando, se angustiaba de pensar en lo sola que se podía sentir, en como su cuerpo cuando entró parecía estar derrotado, sin fuerzas.
- No dejes que se despierte. Lucha. Vuelve conmigo, le haremos frente a todo esto, jamás te dejaré sola.
La observó en completo silencio, sin reaccionar a sus palabras o a sus gestos, como si no fuese consciente de que estaba con ella en ese momento, como si aún siguiese sola, a la espera de que Alec entrase por la puerta y la encontrase en ese estado, para que él pudiera poner remedio a la situación. ¿No era lo que había pasado en los últimos seis meses? Ella rompía cosas, él las arreglaba. O eso le había hecho creer el mutante al menos, sin ser consciente de que todo en lo que creía en ese momento no era más que una ilusión que él había creado para controlar al Fénix. Pasados unos segundos, sus ojos se posaron en los de Elunay, observándola en silencio hasta que finalmente negó. Destellos anaranjados se abrieron paso por sus iris marrones al igual que suaves grietas de la misma tonalidad surcaron su rostro.
—No —sentenció—. O te vas de aquí sola o no lo haremos ninguna. Sin darse cuenta hizo que varias corrientes de energía comenzaron a surcar por la habitación, haciendo que el ambiente se sintiese cargado y pesado, incluso el pelo de la chica comenzó a agitarse como si el viento lo estuviese moviendo. Las paredes, incapaces de sostener tal carga, comenzaron a agrietarse y la luz de la lámpara que había sobre sus cabezas parpadeó.
—No quiero tu ayuda. No quiero volver contigo. Quiero que te vayas, ahora. —Su expresión varió, pasó de una expresión derrotada a una amenazadora—. Quiero venganza. Y me llevaré por delante a todo el que se interponga en mi camino.
- ¿Venganza? Kala, ¿Venganza contra quién? Ven a casa, todos te estamos intentando a ayudarte. Sé que es difícil pero podemos conseguirlo. Todos te queremos, debes volver.
Se estaba dando cuenta de que no iba a poder controlarla en ese momento.
- No me hagas hacerte daño... Por favor. - Se acabó acercando a ella para tocarla queriendo hacer que el aire dejase de entrar en ella para que se desmayase, entendía que aquel sería el único modo de hacer que volviese a tener el control.- No quería hacer esto... De verdad, recuerda que te quiero, lo hago por tu bien, nosotros te ayudaremos.
—Cállate, cállate, cállate... ¡CÁLLATE! ¡PARA! ¡HE DICHO QUE TE VAYAS! ¡Vete de aquí! ¡CÁLLATE!
Pero por más que trataba de advertirla y de serenarse, nada daba resultado. Por lo que, en cuanto sintió sus manos tocarla, inconscientemente, la empujó con bastante fuerza, aprovechando el fénix para realizar su jugada. Ni siquiera dio margen de reacción a la mutante, que solo pudo sentir la energía fluir entre sus dedos, afilada, y para cuando quiso reaccionar su brazo ya se había agitado con fuerza en el aire.
—¿Elunay...? ¿Elunay? ¡No! ¡Elunay! ¡AH! No... ¡NO! ¡ELUNAY!
El chorro de sangre contra su cara la hizo reaccionar, mirando a su amiga caer al suelo con el rostro desencajado y los ojos desorbitados por el pánico. Ni siquiera sabía qué había pasado en ese lapsus de tiempo, pero algo en su cabeza lo sabía. Sabía que ella había rajado el cuello de su amiga, y ahora agonizaba ante sus ojos. Desesperada por querer arreglar la situación, se agachó a su lado y llevó la mano contra su garganta tratando de cortar el reguero de sangre, empapándose la ropa y las manos.
—Elunay, Elunay, Elunay... No, no, no... Lo siento... ¡Lo siento mucho! ¡Lo siento! Elunay, por favor... Aguanta, por favor... ¡Lo siento!
Quería pedir ayuda, aunque todos la juzgasen por lo que acababa de suceder, pero, de pronto, la puerta de entrada se abrió de golpe, apareciendo Alec a través de ella, quien pronto agarró a la mutante y la arrastró a la fuerza para sacarla de allí.
Sentía el calor de su sangre contra su cuerpo que comenzaba a quedarse frío.
Las lágrimas recorrían su rostro con el miedo a la muerte que parecía cernirse sobre ella sin darle la oportunidad de decirle a la chica que no pasaba nada, que entendía que no era ella la que había hecho aquel acto y que no podía culparse por lo que acaba de hacer, porque allí si estaba su Kala, aquella amiga que tanto había echado de menos se le mostraba ante ella aunque fuese llorando porque sabía tan bien como Elunay lo que parecía la situación. Ojalá hubiese sido unos segundos antes, ojalá haber tenido un último abrazo y el dolor de ambas desapareciera. Desearía que de haber tenido que perder la vida fuese viendo que ella volvía a casa, al calor de todos aquellos que la querían y esperaban, no de la manera que pasaba para que crease más dolor en la vida de la mutante.
La alejaron de ella, pudo verlo mientras su cuerpo aún se estremecía sin querer abandonarse a la oscuridad que la amenazaba con llegar para siempre.
"Todavía no, por favor... Por favor." Sus pensamientos iban a tres mil por hora en esos segundos, pensando en que la suerte aquella vez ya no la acompañaría. Había jugado demasiadas veces con el hilo de su vida.













