Alumnos con discapacidad visual en los viajes fin de curso primaria
Hoy en día, la gran mayoría de alumnos ciegos y deficientes visuales se encuentran escolarizados en centros ordinarios, donde reciben las adaptaciones materiales y pedagógicas necesarias para el éxito en el desarrollo de su etapa educativa. Pero la integración no ha de limitarse al aula, los centros y maestros deben estar capacitados para que los alumnos con discapacidad visual puedan disfrutar de las actividades extraescolares como los viajes fin de curso primaria, al igual que el resto de sus compañeros.
A continuación ofrecemos una serie de consejos y aspectos a tener en cuenta a la hora de organizar los viajes fin de curso primaria si en el curso hay alumnos con discapacidad visual:
Lo primero es ponerse en contacto tanto con la familia de estos alumnos como, en el caso de ser afiliados a la ONCE, con el profesor de apoyo que se les haya asignado desde esta organización. Ellos nos darán una información más específica y detallada del alcance de la dificultad visual del alumno en todas las situaciones de la vida diaria, que es posible que no se manifiesten en el desarrollo escolar habitual pero que sí pueden surgir en los viajes fin de curso primaria.
A la hora de buscar el albergue, camping o instalaciones de cualquier otro tipo donde hospedarse o se vayan a desarrollar actividades en los viajes fin de curso primaria, solicitar información sobre el grado de adaptación de las instalaciones para personas con discapacidad visual, así como si su personal tiene experiencia en la realización de actividades con ciegos y deficientes visuales. Este punto es especialmente importante si los viajes fin de curso primaria incluyen la realización de actividades deportivas.
Muchas veces tenemos la percepción de que la discapacidad visual supone una limitación mucho mayor para la persona que la que realmente es. En este sentido, a la hora de planificar los viajes fin de curso primaria y durante su desarrollo, es importante que ante cualquier actividad nuestra primera percepción no sea que el alumno con discapacidad visual no puede realizarla o no va a poder disfrutar de ella como consecuencia de su discapacidad, porque en la mayoría de los casos estaremos pecando de un innecesario exceso de prudencia. La opción preferente es pensar que, en principio, el alumno con discapacidad visual podrá disfrutar de todas las actividades planificadas en los viajes fin de curso primaria, y a partir de ahí, reflexionar sobre las necesidades especiales que puedan surgir y las adaptaciones y precauciones a tener en cuenta a la hora de su desarrollo. En este apartado, de nuevo, la comunicación con la familia y con el personal de la ONCE, en su caso, es crucial.
Si finalmente se está de acuerdo de que no es recomendable que el alumno con discapacidad visual realice una actividad en concreto porque suponga un riesgo elevado dada su discapacidad unida a su corta edad, se debería evitar en lo posible que esa actividad estuviera presente en los viajes fin de curso primaria en los que vayan a participar alumnos con dicha discapacidad, con el fin de que queden excluidos durante su desarrollo. Otra alternativa es que se planifique la realización simultánea de otra actividad que sí sea accesible, y que los alumnos eligieran en cuál participar, y procurar que aquellos con discapacidad visual comprendan que deberán participar en esta última.
Siguiendo estos consejos conseguiremos convertir los viajes fin de curso primaria en otra fuente de normalización de la vida diaria en presencia de la discapacidad, y de enriquecimiento y entendimiento mutuo entre los alumnos.