Today’s album of the day is
Money Jungle!

seen from Netherlands

seen from Malaysia
seen from South Africa

seen from Italy
seen from Japan
seen from India

seen from Malaysia

seen from United States
seen from Türkiye
seen from Netherlands
seen from United States
seen from Algeria

seen from Netherlands
seen from Austria
seen from Germany
seen from China
seen from Türkiye

seen from Singapore
seen from United States

seen from Russia
Today’s album of the day is
Money Jungle!

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Aww look at my boy- hang on that's too many paws
He cutes his paws sometimes
Cake is not for kitties no matter how much he wants it to be :(
Ellington Financial: This mREIT Offers Above 9% Through Its Preferred Stocks (NYSE:EFC)
This article was written by Follow Arbitrage Trader, aka Denislav Iliev has been day trading for 15+ years and leads a team of 40 analysts. They identify mispriced investments in fixed-income and closed-end funds based on simple-to-understand financial logic. Denislav leads the investing group Trade With Beta, features of the service include: frequent picks for mispriced preferred stocks and…

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
"Swing Still Means a Thing," by Hans Ostrom (Lyrics) and the Zerloff Orc...
Generación 1886 - Capitulo 18
Fue en una mañana fría, con la escarcha aún posada sobre los campos, cuando un inesperado llamado resonó en la puerta de los Ellington. Sadie, que se había levantado temprano para recoger los huevos del gallinero y calentar el agua para el desayuno, no alcanzó a llegar, pues fue Evangeline, recién despierta, quien abrió la puerta.
—¿Puedo ayudarles? —preguntó con recelo, al ver las imponentes siluetas de dos caballeros.
—Buscamos la casa de Víctor Ellington —respondió uno de ellos con voz firme.
Eva los observó de pies a cabeza. Llevaban trajes elegantes, de telas finas y cortes propios de la alta sociedad, tan ajenos a la modestia de aquel hogar. No comprendía qué hacían hombres de tal porte en su puerta. Entonces, escuchó claramente cómo uno de ellos murmuró al otro:
—Es idéntica…
Evangeline contuvo el aliento; aquel comentario había sido apenas un susurro, pero bastó para helarle la sangre.
—Sí, este es el domicilio de mi padre, Víctor Ellington —respondió, con un nudo en la garganta.
—¿Podemos pasar? —replicó uno de ellos, inclinando levemente la cabeza.
Eva, nerviosa, los condujo a la cocina, donde no estaría sola. Una vez allí, los hombres se presentaron con solemnidad:
—Perdona nuestra intromisión sin previo aviso. Somos Arthur y Henry Belmont, hermanos de Ophelia. Acudimos tan pronto supimos de la desgracia.
Evangeline quedó atónita.
—¿Hermanos?… Madre jamás nos habló de su familia. No sabía que tenía tíos. Mi nombre es Evangeline, soy la mayor de sus hijos. Ella falleció la semana pasada, al dar a luz a mi hermano Harry. Somos cuatro en total.
Los caballeros se miraron con pesar. Henry, con expresión dolida, se volvió hacia su hermano:
—Te lo dije, Arthur… debimos venir antes.
Eva pidió un momento y fue en busca de su padre. Lo que ella no sabía era que Víctor, desde la sala, había escuchado cada palabra. No le sorprendía: en lo más profundo de su ser siempre supo que, tarde o temprano, los Belmont tocarían su puerta.
Ophelia, antes de unir su vida a la de Víctor, había pertenecido a una de las familias más influyentes de la aristocracia: los Belmont. Sus antepasados ostentaban títulos de nobleza concedidos por la misma corona de Windenburg. Sin embargo, cuando la joven decidió fugarse para casarse con un humilde hombre, su nombre fue borrado de los registros familiares.
El escándalo había sido mayúsculo en los salones de la alta sociedad, y su padre, hombre implacable y orgulloso, ordenó que jamás volviera a pronunciarse su nombre bajo aquel techo. Pero Arthur y Henry, sus hermanos mayores —gemelos idénticos y compañeros inseparables— nunca dejaron de recordarla en silencio.
Tras la muerte de sus padres, la fortuna, las tierras y el prestigio de la familia recayeron en los hermanos. Arthur, nacido apenas diez minutos antes que Henry, fue proclamado titular de la herencia, pues era considerado el más maduro y sensato. Henry, en cambio, había ganado fama por su carácter jovial y su afición a las fiestas, siendo muy querido en los círculos sociales.
La noticia de la muerte de su hermana los golpeó con fuerza. En especial a Henry, que siempre había tenido con Ophelia una cercanía especial, propia de almas gemelas en la infancia. Recordaban sus risas, sus travesuras, sus sueños de libertad. Ahora, al estar frente a su sobrina Evangeline, la sangre de Ophelia viva ante sus ojos, comprendieron que había llegado el momento de recuperar lo que el tiempo y la distancia les habían arrebatado.
First/ Previous/ Next
Generación 1886 - Capitulo 17
La vida en la casa Ellington ya no fue la misma tras la partida de Ophelia. El vacío que dejó era tan hondo, que las paredes mismas parecían llorar en silencio. Victor, incapaz de sobrellevar el peso de la ausencia, buscó refugio en la bebida, hundiéndose cada vez más en un estado de abandono.
Fue Evangeline quien, con apenas quince años, tomó sobre sí la carga del hogar. Sus manos pequeñas se hicieron fuertes al cuidar de sus hermanos, y sus noches se tornaron largas y silenciosas, aguardando que su padre volviese en sí. Pasados algunos meses, halló valor para hablarle con firmeza: —Padre, no podemos continuar de este modo. La casa nos necesita, y nosotros a vos.
Victor, aún con el corazón destrozado, comprendió que debía al menos intentar sostener a su familia. Retomó su labor como maestro, esta vez sin salir del pueblo, pues sabía que no podía abandonar a Evangeline después de lo sucedido.
Tiempo después, llegó una mujer desconocida a la puerta de los Ellington. De nombre Sadie Harris, tenía el semblante marcado por la pena, y en su mirada se adivinaba un pasado doloroso. Había perdido a su esposo y a sus hijos, y ahora ofrecía sus servicios para subsistir. Traía consigo recomendaciones que hablaban de su honradez y trabajo duro. Su llegada fue, para Evangeline, un alivio inmenso: por fin alguien compartía con ella el peso de las labores.
No así para Frederick, que vivía su propio luto con rebeldía. Se portaba mal, desobedecía y parecía buscar en la ira una forma de gritar su tristeza. Benjamin, por su parte, cumplió años en medio del silencio de la casa, pues ya no había fuerzas ni ánimo para celebrar.
En medio de ese ambiente sombrío, un rayo de luz llegó con Alan Redmond. Una tarde, pidió a Evangeline salir a caminar como lo hacían en los días más felices. Juntos recorrieron los campos verdes, pero el semblante de Alan revelaba que algo quería confesar.
—Eva, he de decirte algo importante —murmuró con voz entrecortada. —¿Qué sucede, Alan? ¿Está todo bien? —He de marcharme… debo dejar la Villa Gallina por un tiempo.
El corazón de Evangeline se estremeció. —¿Irte? ¿Cómo? ¿A dónde? —Los señores Herbert han decidido pagar mis estudios en la universidad. Es una oportunidad única, y debo aprovecharla.
Eva intentó sonreír, mas las lágrimas nublaron sus ojos. —Es una gran noticia, Alan… siempre supe que merecías algo más. Pero será extraño no encontrarte aquí, ni al pasar frente a tu casa.
Él tomó sus manos con suavidad. —No me aparto de ti, Eva. Volveré, y mientras tanto te escribiré. ¿Me responderás? —Claro que sí —susurró ella—. No dejes de contarme todo.
Al regresar a casa, Evangeline no pudo contenerse. Cerró la puerta de su cuarto y, en la soledad de la noche, lloró como nunca antes. Se sentía cada día más sola, como si el mundo entero le arrebatara, uno a uno, todos los afectos que la sostenían.
First/ Previous/ Next
Ellington —