Hasta que no conocemos a los monstruos que habitan en nosotros, seguimos tratando de matarlos en el mundo exterior. Y un día descubrimos que no podemos, porque toda la oscuridad del mundo nace de la oscuridad del corazón. Y es ahí, en los rincones más oscuros, en los días más marchitos, donde empezamos a luchar. Matamos la parte de nosotros que nos quiere ver muertos. Matamos la voz que nos quiere hacer creer que el futuro no existe. Matamos, a cuentagotas, el demonio que no quiere vernos vivos.
“Aunque llueva fuego” de Beatriz Esteban









