Parecías sacada de un mito, como si lo que tocaras a tu paso cobrara vida solo porque estabas ahí. Y me vino a la cabeza que eras el amanecer. Que estabas tocada por el sol, como Artemisa cada vez que volvía de una noche de caza en medio de la tormenta.
“Donde no haya niebla” de Beatriz Esteban















