"El Intercambio" ||| Especial / 24.
*POV Lauren
El cielo estaba extremadamente azul y, a pesar del viento helado que a veces incomodaba, el sol irradiaba un brillo increíble. Decidí ir caminando hasta la empresa, sabiendo de antemano que dentro de mi lugar de trabajo los colores se pierden en un gris opaco que prevalece ahí.
Cuando estaba regresando, una figura conocida me hizo desacelerar el paso.
Él estaba tirado en el suelo, en una posición típica de quien había tropezado, su fuerte estatura fue sustituida por débiles músculos y aparentemente frágiles. Un color prácticamente amarillo invadía su piel. Tranqué la mandíbula cuando me esmeré en observarlo más detalladamente. Los ojos estaban contornados por grandes ojeras rojas, el cabello que antes era brilloso ahora estaba opaco. Aquella figura amenazante de jefe de tráfico fue sustituida por una lamentable.
Keaton siempre controló drogas, él necesitaba hacerlo y entonces ser capaz de vendérselas a tontos como yo. Pero tal parece que se perdió en medio del camino.
Observé la expresión de las personas que pasaban, algunos no le dedicaban ni una mirada, otras hacían expresión de asco, de repugnancia. Cerré los ojos y respiré profundo, recordando cuando esas mismas miradas eran dirigidas hacia mí y, aunque él no merezca ni un mínimo de atención, me acerqué y le extendí la mano.
Keaton levantó la mirada y me observó, tal vez extrañado con la expresión dolorosa en mis ojos mientras imaginaba que podía ser yo quien estuviera en su lugar. Obviamente él no me reconoció. Examinó la palma de mi mano, de arriba abajo antes de tomarla, desconfiado. Lo levanté, dejándolo en pie. Todo eso ocurrió en milésimos segundos, las personas alrededor eran ajenas a lo que ocurría ahí. Entonces lo solté y di la espalda, siguiendo mi camino. No, no le di la espalda a Keaton, le di la espalda a un claro reflejo de mí misma, en caso de haber optado por ese camino.
Cuando estaba casi llegando a casa vi el reloj y deduje que Camila aun no debió salir del trabajo. Frágil y con los dedos temblando no dude en llamarla, atendiendo en el segundo tono.
-puedes venir a casa? –mi voz salió baja, estremecida.
Camila: llego en dos segundos.
Camila: Lauren? –la voz de Camila sonó por el pasillo, dejando una corriente de alivio por mi cuerpo. Limpié la garganta antes de responder.
-en el cuarto.
Y en cuestión de segundos ella entró, la expresión preocupada en cada pequeño detalle de su rostro.
Camila: qué pasó, mi amor? –preguntó, con la voz alarmada. Yo estaba sentada en una esquina de la cama, con la cabeza baja. Ella se alojó frente a mí, haciéndome verla.- te estás sintiendo mal?
Abrí la boca para responder, pero las palabras desaparecieron. Siempre fue y siempre será difícil tocar ese asunto. Con una expresión de agonía capturé su mirada, ella entendió mi pedido mudo y me abrazó. Las imágenes de Keaton se mezclaban con las mías de hace años atrás, haciendo mis ojos llenarse de lagrimas.
Camila: estás llorando!? –ella estaba asustada, obviamente, sin entender absolutamente nada. Sus dedos se cerraron en mis cabellos, acariciándolos.- todo está bien, aquí estoy contigo. –susurró, meciéndonos suavemente.
Respiré hondo y me alejé, dejándola ver mi rostro. Inmediatamente ella secó las lágrimas que bajaban por mi mejilla, con una arruga de preocupación entre las cejas.
-todo está bien…-mi voz salió ronca.- yo sólo…vi…-nuevamente tomé aire, intentando tranquilizarme.- vi a Keaton.
Primero una expresión de confusión pasó por su rostro antes de entender. Sus ojos se abrieron completamente y ella cerró la mano en un puño.
Camila: qué te dijo, Lauren? Solo escucha, no importa. No le prestes atención, está bien? –intenté interrumpirla, pero ella no me dejó.- aun si nos volvió a amenazar o qué se yo…
-no. –negué, recosté mi dedo levemente en sus labios, haciéndola callarse.- no fue eso. –y le conté lo que pasó.
Le conté todo, desde lo que sentí al verlo hasta las imágenes que pasaron por mi cabeza. Ella escuchó todo con atención, enfocada en cada expresión de mi rostro y solamente habló cuando estuvo segura que yo ya había terminado.
Camila: Lauren eso forma parte del pasado, tienes que dejar de martirizarte con algo que ya pasó. Dios mío, hace años desde la ultima vez que estuviste en una situación parecida a la de Keaton hoy. Deja de pensar en lo que hubiera sido y piensa solo en lo que es, en quien tú eres hoy. –ella pasó la mano delicadamente en mi rostro.- eres Lauren Michelle Jauregui, nada más. Deja de etiquetarte como ex drogadicta o algo parecido. Tú eres la mujer más increíble que conozco y estoy muy orgullosa de haberme casado contigo. –acarició mi mejilla, delicadamente. Cerré los ojos, dejando algunas lagrimas caer.- claro que es triste ver a personas como Keaton destruyendo sus vidas, pero ni tú ni yo podemos salvar el mundo. Hay muchas personas así allá afuera y no puedes ponerte así siempre que veas a una. –respiré hondo.- ya basta de ser perseguida por ese fantasma del pasado. Ya terminó, mi amor. Terminó hace mucho tiempo.
-sé que tienes razón, pero es inevitable. –suspiré.- los dolores pasan, pero las cicatrices se quedan para siempre. –cerré los ojos nuevamente, intentando alejar los malos pensamientos.
Camila: Lauren, créeme, eres más fuerte de lo que piensas. –dijo suevamente.- y te prometo que va a llegar el día en el que eso no te incomode más y que te vas a ver en un espejo y te verás con mis ojos, entonces entenderás porqué te dije todo esto.
Es increíble como la simple presencia de Camila me calmó, haciéndome superar, aunque por el momento, los recuerdos que vinieron segundos atrás. Con un último suspiro abrí los ojos encontrándome con la intensa mirada de Camila. Siendo siempre mi punto de paz, mi puerto seguro. Puse mi mano sobre la de ella que seguía en mi rostro, la corrí de ahí y la llevé hasta mis labios, dejando en ella un pequeño beso.
-qué sería de mi vida sin usted, señora Cabello?
Camila: lo mismo de lo que sería la mía sin ti. –respondió.- nada. –sonreí, levemente.- porque vivir sin ti no es vivir, es solo existir. Y créeme que pude comprobar eso. –sonrió.
-no te interrumpí cuando estabas allá en la clínica? –fruncí el ceño, preocupada.
Camila: escuche una cosa, señora Jauregui; no hay nada, nada escuchaste bien!? más importante que usted para mí. Y no quiero que dudes en llamarme cuando necesites, sea la hora que sea.
Sonreí, porque estar con Camila es como recibir un “soplo” de felicidad y tranquilidad, sin importar la situación en la que me encuentre.












