dos mil veinte
Sendero de cenizas y de grises. De pérdidas y consuelos. De encuentros y desencuentros... Este año vino para enseñarnos muchas cosas ¿No?
La vida siempre nos demuestra en reiteradas oportunidades que lo efímero es lo que verdaderamente vale. El amor, el afecto de alguien que queremos, la presencia de seres que nos motivan a seguir, tenerlos, tener(nos). Y que lo material se convierte en algo superfluo.
¿Porque nos cuesta tanto prestarle atención a esos valores?
Este año vino a llenarnos de dificultades, de pequeños agujeritos. Pero lo que verdaderamente vino a enseñarnos es que debemos ser personas resilientes, que podemos volver a llenar todas esas partecitas faltantes de nuevas oportunidades.
No importa cuanto pienses que te falte o cuanto sientas que no podes, lo valioso es que sepas enguajarte las ideas y que sigas rumbo.
Somos inmarcesibles, el tiempo no nos marchita, al contrario, nos ayuda a florecer. La regla es tomar todos los obstáculos de la vida como una nueva forma de aprendizaje, y no como una herramienta para autodestruirnos.
Esta bien que no puedas dimensionar todo lo que esta pasando. Esta bien que te sientas perdido, a veces es necesario perderse para volver a encontrarse.
Aprende de vos mismo y desaprende las malas emociones que te visitan todos los días. Hacele caso a la voz que resuena dentro tuyo, no la reprimas, tiene mucho que decirte.
Sopla las cenizas, despeja el camino, despojate del llanto, enjuagate las ideas y seguí. Sigamos siendo transeúntes de esta vida que nos queda mucho por recorrer.
Yo te sigo. No aflojes, que la vía de regreso esta muy cerca.













