Cuando me senté a escuchar Contradicciones de The Americojones Experience sentí que llegaba a algo que ya había terminando. Una breve búsqueda me reveló que el disco salió el 17 de julio, habían pasado cinco meses del lanzamiento, no era eso ¿por qué entonces sentía que llegaba tarde? Había algo en esa música que sonaba como una conversación ya iniciada de la que solo alcanzas a escuchar las últimas frases. Tal vez llegamos tarde al mundo, llegamos tarde a Spacemen 3, a Suicide y a Los Saicos. Yo pensé que ya no había tiempo de lamentarse por eso. Pensé que hoy ya no había chance para entregarse con tanta pasión a esa nostalgia prestada de tiempos y músicas que no vivimos. Pensé que no había lugar para lamentos adolescentes de querer drogarse y no trabajar. Y de pronto aparece el joven Cojones para mostrarme que estaba equivocado.
‘Todo lo que digo es una copia barata’ te dicen con insolencia estos piratas que venden melodías contrabandeadas de décadas pasadas. Contradicciones es el disco que siempre quisiste grabar, suena simple y ligero. Lleno de referencias, homenajes, citas y repeticiones. Un disco temerario en su sencillez y transparencia. Y es que no hay nada muy novedoso en su música, Américo y su experiencia no son tan listos como piensan. Pero no me malentiendan, tampoco son tan pendejos como podríamos creer. Saben que a veces es más bello caminar por senderos trazados que buscar abrir uno nuevo. Hay algo espiritual en volver a esos temas. Como un monje que obstinado copia un texto de un papel a otro, cuidándose de repetir cada palabra, de reescribirla, de hacer que vuelva a acontecer. Los mismos acordes tocados treinta años después ya no son los mismos acordes. Y la música de The Americojones Experience, en su repetición, produce algo nuevo.
Tener un trabajo, llegar temprano, ganar dinero, buscarse una novia, dejar la lata y lavarse los dientes. Esas cosas que los humanos hacen ‘para sentirse bien’. Ya nuestros viejos maestros nos advertían de las trampas del mundo, y nos recetaban algunas melodías y sustancias para pasarla un poco mejor. Pero hace falta que cada tanto aparezca alguien y le inyecte un poco de vida a esos tópicos que vuelven, siempre diferentes. El último retorno de esa voluntad maldita se llama Contradicciones y, como se dice ahora, está disponible en todas las plataformas.
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El 14 de mayo de 2015 como a las 21:50 horas en Buenos Aires, en el estadio de Boca Juniors los jugadores de River Plate caminaban de vuelta a la cancha cuando unos hinchas saltaron el cerco policial y les lanzaron gas pimienta. Mientras tanto yo estaba caminando hacia la facultad, iba un poco tarde. Repasaba en mi cabeza los dos textos (1) que había leído para la clase. En de los dos hablaba de la especificidad de la imagen de la televisión, por fuera de su relación con el cine. Es decir, en la historia de las imágenes audiovisuales la televisión ocupa generalmente una lugar menor. Un desvío de las exploraciones técnicas del cine, el gran arte de las imágenes en movimiento. La TV, un cine más pequeño, la pantalla chica. La genealogía que retoman estos autores abre otro camino y considera a la televisión como heredera del radio, del telégrafo y del teléfono. Del otro lado del Parque Lezama, en la Bombonera, el drama continuaba. Había una única pregunta en el estadio y en las televisiones de todos los seguidores de la Libertadores. ¿Se va a jugar o no se va jugar el segundo tiempo? La cuestión no concernía solo al fútbol argentino, del otro lado de la llave estaba Cruzeiro esperando rival. Y la Copa no espera. El profesor al que estaba por enfrentarme tenía la costumbre de exponer a los alumnos que llegaban tarde preguntándoles sobre los textos de la clase. Considerando que iba más de media hora tarde me apresure a repasar las ideas en mi cabeza. La imagen cinematográfica es técnicamente posible a partir de la fotografía, una propiedad química específica del nitrato de plata, principal elemento del material fotográfico, que le permite conservar una imagen de la luz que lo impacta. El cine es, en principio, una sucesión de fotografías proyectadas de manera que
produce el efecto de una imagen continua. La llegada del sonoro, el color, el sonido envolvente, e incluso el 3D al cine, fueron conquistas técnicas que responden a su vocación ontológica: perseguir lo real. Ahora, la TV no debe nada a ninguno de los procesos anteriores. Los principios técnicos que la hacen posibles son otros. La televisión es una señal de video y de sonido que se transmite por el aire en forma de ondas de radio para luego ser captada por una antena, codificada y reproducida hasta llegar a una pantalla. La realización, transmisión y recepción de la imagen se realiza en simultáneo, es una imagen directa. Durante muchos años la señal de televisión, como la del radio, no se almacenaba, solo se transmitía. En el dispositivo televisivo había transmisiones, pero esa información no quedaba registrada. Se parecía más a un performance, que desaparece mientras se hace. La imagen televisiva produce un aquí y ahora que modifica la relación del espectador con la imagen. Si el cine buscaba lo real, la TV busca lo actual. La transmisión de información por ondas de radio es una tecnología militar que exigía precisión y eficacia, una fuente de información antes de ser entretenimiento. La transmisión de radio, o de TV, viene acompañada de una promesa aurática. Lo que escuchas, lo que ves, está ocurriendo en este momento. Basta con prender la tele para verlo: último momento, en vivo y en directo desde el lugar de los hechos, transmitiendo antes que nadie las últimas noticias. La imagen directa de la TV persigue lo actual. ¿Es lo mismo perseguir lo real que perseguir lo actual? ¿O es lo actual la cualidad temporal de lo real?
Por suerte para mi, el profesor, posible hincha de Boca, llegó aún más tarde que yo. Nos hizo dos preguntas. Si habíamos leído los textos y si estábamos siguiendo la Copa Libertadores. Alguien levantó la mano e hizo un resumen. A la mitad de una reflexión sobre el buda que se contempla a sí mismo, el profesor la interrumpió. ¡Olvídense de Nam June Paik, hablemos de estas imágenes directas! Prendió la televisión y vimos, junto con millones de personas, el Boca-River que no iba a suceder. Las cámaras seguían transmitiendo: el árbitro que habla con los DTs, dos jugadores indignados que intercambian impresiones, los hinchas en las tribunas prendiendo bengalas, la clásica toma del estadio con la luna al fondo. Un reloj muestra la misma hora que el reloj del aula. Las voces de los relatores siguen hablando, recordándonos el momento y el lugar desde el que nos hablan. No importa que no haya partido, lo que es importante es estar ahí, en vivo y en directo. Les juro que esto es mucho más emocionante que el primer tiempo donde no hubo goles, dice irónico el profesor, este es el perfecto ejemplo de la imagen directa.
Hoy, a pesar de que la digitalización del cine y del video ha hecho casi idénticos los procesos de producción, y los servicios de streaming están homogeneizando cada vez más los sistemas de distribución, todavía podemos hablar de que existe una cosa que es el cine y otra cosa que es la televisión. Algo de esa distinción ontológica persiste, y la imagen directa conserva su especificidad. Aunque se hable poco de ellas, las imágenes del fútbol ocupan un lugar importante en la historia de las imágenes audiovisuales. Para un partido grande se utilizan más cámaras que en la mayoría de las producciones cinematográficas, ubicadas en puntos estratégicos para captar el instante irrepetible desde todos los ángulos. Los narradores no dejan de reafirmarnos la actualidad de las imágenes que vemos. El pasto verde y brillante, si uno entrecierra los ojos, parece una pantalla verde, un green screen donde es posible insertar y animar publicidades. Las repeticiones en cámara lenta de determinada jugada descomponen el movimiento para analizarlo con detalle, se trata de ver más de lo que se puede ver, de extraer todas las características y perspectivas de lo que está pasando. Pero solo por un momento, porque la transmisión debe volver a la siguiente jugada, se trata en todo momento de estar en el presente. La gracia de ver un partido es vivir la incertidumbre del minuto siguiente, de vivir en simultáneo la agonía del gol por venir.
Todo el desarrollo anterior debería servirnos para entender el conmovedor espectáculo que se muestra al sintonizar alguna de las señales de ESPN o Fox Sports en estos días de cuarentena. Un panel de tipos cansados que intentan con todas sus fuerzas extraer algo de actualidad de las imágenes que presentan. Sportcenter, Central Fox, Fútbol Picante, entre otros, son programas de análisis deportivo donde se repasan los partidos del día y se discute sobre el más mínimos detalle de la jornada deportiva. Ya en su versión regular estos programas resultan bastante raros, un grupo de varones intentando hablar uno encima del otro, buscando siempre tener la última palabra sobre temas totalmente intrascendentes. Cuando la cosa se fue poniendo más seria y ya nadie podía salir de sus casas los conductores de estos programas se tuvieron que conformar con comentar los videos de Paul Pogba enseñándole a su hijo a hacer el toilet paper challenge. Los tristes conductores están obligando a polemizar, a hacer interesante la nada misma. La pregunta de esta semana para nuestros espectadores ¿Qué video les gusto mas, el de Icardi y Wanda Nara en TikTok, o el que Messi subió a Instagram?. En los primero días, después del infame Atalanta-Valencia, cuando en Europa comenzaban los contagios y la UEFA junto a las ligas locales habían decidido suspender sus partidos, veíamos todavía reporteros con tapabocas afuera del estadio, realizando una cobertura en vivo en el momento en que tendría que estar sucediendo el partido de fútbol suspendido. Las rejas del estadio cerradas, sin gente, las imágenes no dicen nada, pareciera absurdo mandar una unidad, pero la TV no puede parar, el dispositivo exige actualidad y la buscará a cualquier costo. Incluso si lo único que encuentra son edificios cerrados donde nada sucede. Probablemente lo que hacía emocionante aquel Boca-River suspendido, y tan tediosas las transmisiones de cuarentena, es que en la primera había la incertidumbre de que algo podría pasar. Hoy tenemos la certeza de que, por lo menos algunas semanas, no va pasar nada. La actualidad está dispersa, ya no existe el gran evento que daba sentido al dispositivo. Me parece una irresponsabilidad, dice uno de los conductores con la seriedad de un especialista, que estemos hablando de cuando va a volver o si es que va a volver el futbol; hay gente muriéndose allá afuera. Su compañero lo mira con una sonrisa de resignación y le pregunta ¿Y de que vamos a hablar entonces?.
El presente está perdido y las señales deportivas son un dispositivo que, como gallina sin cabeza, corre detrás de una actualidad que no encuentra.
(1) “El directo televisivo es una técnica de lo real”, Mario Carlón en De lo cinematográfico a lo televisivo, Madrid, La Cruija, 2006; y "La imagen directa del dispositivo televisivo" de Ariel Nahon en Territorios Audiovisuales, Buenos Aires, Libraria, 2014
A finales del año pasado fuí a Veracruz para recibir el nuevo año con un amigo. Impresionado por cuanto puede cambiar el paisaje en un viaje de cuatro horas y media, llegué al piano bar que definimos como punto de encuentro. Me costaba trabajo entender como alguien que creció en la Escandón puede un día dejarlo todo e irse a vivir al bosque. Me parecía por momentos una fantasía werthereana que no puede existir en realidad.
Pero durante los siguientes días descubrí, para mi asombro, para mi espanto, que esa vida existe. La de las largas caminatas y de las cosas brillantes.
Fuimos a desayunar al centro. Me dijo que más tarde tendría que salir a unos encargos, y me invitaba a acompañarlo. Cuando le pregunté a dónde iba me respondió “al lugar más vivo”. Me dijo que era el lugar donde la poesía brotaba de la naturaleza. Le respondí burlón que su vida en el bosque lo estaba enloqueciendo. Luego comimos el postre y tomamos cafe. Para volver a casa de mi amigo había que subir una colina que después había que bajar. A mi, poco acostumbrado a esos trotes, el recorrido me dejaba siempre muy cansado y con ganas de dormir la siesta. Cuando desperté de uno de esos descansos me encontré con una nota de mi amigo diciéndome que había salido a atender sus asuntos.
Aproveché los últimos minutos de luz y salí a caminar. Caminando entre los árboles me pareció escuchar copas que brindaban y carcajadas estruendosas que parecían venir de todos lados. Una celebración, pensé. De pronto una criatura que decía llamarse Brunilda me tomó de la mano y me llevó, cruzando el río, cerca del árbol caído, a la Mansión Mística, un lugar de asombro. Para llegar ahí, me dice, hace falta estar ahí. Es una cuestión de presencia, de habitar plenamente. Admira tu reflejo en el viento, siéntate y platica con las ventanas.
Había un aire sombrío en el festejo, de algo que está por pasar, una catástrofe que nunca llega. No es mi intención ser miserable, me dice el inconsolable mientras me habla de una cruel belleza que se encuentra después de lo humano. La Anfitriona, aunque se notaba un poco desanimada, conservaba esa cualidad para hacer de cualquier cuarto un Gran Salón. El Ladrón se acerca y me dice al oído que tenga cuidado, que donde hay asombro, hay espanto. Busqué con la mirada a la criatura que me había llevado hasta ahí; pero era inútil, se había disuelto en las profundidades de la Mansión Mística.
celebración, espanto es el último libro de Bruno Dario, editado por Ediciones Sin Nombre en Junio del 2019. Veintiséis poemas, autónomos en primera instancia, reunidos en una secuencia de acontecimientos donde se dibuja un relato posible.