Y yo, la mås desventurada e infeliz de las mujeres, que gusté de la miel de sus dulces promesas, tener que contemplar ahora aquel noble y soberano entendimiento, como armoniosas campanas hendidas, en discordia y estridor, y aquellas incomparables formas de facciones de florida juventud, marchitas por el delirio.
William Shakespeare, Hamlet










