A veces no duele lo que dicen los de afuera.
Duele cuando la envidia viene de la sangre.
De tu propia familia.
Cuando ni siquiera tú sientes que tengas tanto.
Cuando solo estás sobreviviendo, intentando estar bien,
y aun así parece molestarles que sigas de pie.
Es raro…
te miran como si te sobrara algo
cuando por dentro sientes que todo te falta.
Y ahí es cuando cae el golpe real:
al final, estamos solos.
Nacemos solos,
cargamos solos,
y probablemente nos vamos solos.
La familia no siempre es refugio.
A veces es el lugar donde más se aprende a endurecer el corazón.
Y qué triste darse cuenta
de que incluso el amor
puede venir con celos disfrazados.
☁️💔












