DÃa 4: VENADO
Hoy si lo tuve más temprano, he sobrevivido hasta hoy arhe

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DÃa 4: VENADO
Hoy si lo tuve más temprano, he sobrevivido hasta hoy arhe

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Amor como el tuyo no habÃa experimentado con nadie, pero engaños como los tuyos no los quiero volver a pasar.
_mjavy_
Libro: Siendo honesta, este es mi libro favorito sobre Brujas 🌛 Puedo leer cada cuento una y otra vez y volver a sentir la misma magia que sentà al escribirlos. Hay muchos libros sobre magia y sobre brujas -desde luego, pero ninguno nació del mazapán, el maÃz, la luna y el huitlacoche 🖤 #januarywitch #Natvïa #DÃa4 #Day4 #enerodebrujas #paolaklug #2019 #brujasmorenas #RelatosDeLasBrujasMorenas #TalesOfTheBrownWitches #bookstagram #booklover https://www.instagram.com/p/BsM4R83lc4L/?utm_source=ig_tumblr_share&igshid=1tcbel5km67z6
Jejejeje a las finales si lo hize :^)
Ahora estoy al dÃa!!!
#dÃa4 con #entintado #canvastutor #tradicional #art #tramas #greypalette https://www.instagram.com/p/BqxqTNUhGTW/?utm_source=ig_tumblr_share&igshid=1lqbvtdzt1ug8

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VI26 | DÃa 4 ✦
Colorear
Trabajando en: Meta 1
Hoy estuve toda la tarde coloreando, debo decir que el que más me gustó fue el de Suiza, pero el que más disfruté pintando fue el de Maria Antonieta me encanta hacer esos degradados de colores.
DÃa 4 (jueves, antes de que finalice el dÃa): Fotos, palabras y recuerdos
Buscaba entre mis cosas una foto de carné para mi licencia de conducir, pues según mis cuentas aún me quedan algunas. Escudriñé en la mesita de noche, en billeteras viejas, cuadernillos de notas, sobres roÃdos y no hallé nada. De lo que sà pude darme cuenta es de la cantidad de recuerdos, imágenes difusas, amores inconclusos, ideas perdidas, añoranzas ya agónicas y, en fin, alimañas que muerden mis emociones habitando mi casa. Hace muy poco que comienzo mi nueva vida en esta ciudad desconocida para mÃ, sin embargo, traje conmigo fragmentos de una vida pasada que hoy no sé si fue mejor o peor, solo que ya no será.
Uno avanza, porque el tiempo es lineal en nuestra realidad inmediata, pero dejamos a cada paso pequeñas anclas que nos permiten detenernos por breves instantes. Debemos seguir, es cierto, y aunque no queramos la vida es movimiento, mas lo que somos se arma con esos trozos de tiempo que se quedan desperdigados, en mi caso, por los rincones de la casa.
Casi me parece que he tapizado las paredes de mi habitáculo con fotos, artilugios y palabras garabateadas en cuadernos ajados. No sé si me hacen feliz o me sume más en mis penurias, basta con sentir algo estuvo bien conmigo, con esas personas y ese lugar ahora lejano; y cuando no fue afortunado, quedó en mà guardado un encuentro con otro mundo que respira tanto como el mÃo. Atrás ha quedado la gente que me amó, los sitios que me vieron reÃr y llorar, las frases que se secaron en mi garganta para correr en la tinta de mis páginas y uno que otro rencor marchitado. Me quedan pequeñas ventanas repartidas entre "cachivaches inútiles", a veces miro a través de ellas y me pierdo, viajo en el tiempo para encontrar un cachito de mà que tal vez creÃa perdido.
DÃa 4 (jueves, media noche): Estética campesina
Sábado por la mañana, cerca de las once. Viajo en bus desde el pueblo de Arabia hasta la ciudad de Pereira (un recorrido de cuarenta minutos aproximadamente, contando la caminata hasta la parada). Una vez allà iremos hasta Cartago, Valle. Poco antes de la intersección Altagracia, VÃa Condina, se sube un hombre que capta mi atención. Lleva un sombrero de paja con una cinta negra que sujeta una pluma de pavo real cortada, una camisa a cuadros, carriel pequeño, una ruana pequeña (quizás por el calor), un pantalón de lino café y un pequeño machete al cinto. Un campesino a la vieja usanza, pensarÃa uno, pero no es el único, es la imagen del campo que persiste ante la pérdida del espacio rural.
Sus ojos vivaces, a pesar de los años y el agotamiento de una vida de labores duras, se clavan en la mirada de otro pasajero. En silencio parece decirle todo lo que necesita, el otro viene y se sienta a su lado. El del sombrero saca de su carriel un tarrito de cristal, café con leche. Le convida a su compañero. Beben sin mucho reparo y entablan una conversación con frases cortas que no alcanzo a escuchar. Su bigote corto y prolijo apenas se mueve, dirÃa uno que es de palabras medidas.
Todo él encarna la imagen del campesino paisa (o cafetero, para quien le causa escozor este último término). Dudo que cada una de sus prendas sean escogidas al azar o a causa de algún capricho ajeno a su persona. No como yo, que escojo, por ejemplo, una camiseta dependiendo de la frecuencia con que la he usado dÃas atrás o según cómo esté el clima. Lo mismo se podrÃa decir de su moralidad, hasta la más mÃnima acción responde a ese estandarte adoptado hace tantos años atrás, quizás desde su infancia.
En él se percibe el orgullo de quien reconoce su lugar en el mundo y actúa en consecuencia. No lo imagino fuera de su nicho, habitando otros escenarios, al menos no sin el desgarro que esto supone para el que pierde su suelo.
Llevo poco tiempo en esta ciudad, aun asÃ, he podido notar esa peculiar mixtura que conserva con su ruralidad. En ella se siente todavÃa un aroma a campo que me despierta una tierna nostalgia. Y no sólo en sus espacios naturales (animales, vegetación, clima), también lo veo en su gente y sus costumbres, que luchan por no desaparecer entre los escombros, el esmog y el ruido estridente del reggaetón.