Cómo te aburres de tu vida? - preguntó él.
Pues verás, -le dije
Llega un dĂa en que te despiertas y te das cuenta de que no quieres ir a la escuela que vas, vivir en la casa que vives, comer en los lugares que comes, pasar por las calles que pasas… y tomas el autobĂşs con el mismo destino de todos los dĂas, y por la ventanita vas observando las calles de siempre, y en cada luz roja imaginas una vida distinta. Te das cuenta ese dĂa de que en realidad lo que quieres es viajar a hawaii y comer cosas diferentes para en la noche disfrutar de un luau al lado de un hombre guapo y cariñoso que te diga “let’s go to paris, mon cher” y tomar el primer aviĂłn a Europa en clase media, comer cacahuates y guardarte las banderitas de los sandwishes. Ver las nubes y no querer bajar. Ese dĂa, en ese autobĂşs, sueñas con otra vida, en la que el autobĂşs es solo un recuerdo, en la que tomas un aviĂłn, un camiĂłn o un tren diferente cada mes y vives del arte, riendo todo el tiempo y descubriendo muchas cosas, deleitando tus pupilas en lugares llenos de muchos colores que te hacen olvidarte del azul con amarillo del autobĂşs 204, del rojo con blanco de la pared en la que todos los dĂas bajas para caminar a la escuela con colores aburridos que ves todos los dĂas. Y desde ese dĂa, ya no vuelves a ser tĂş, y todos los dĂas por el resto de tu existencia piensas lo mismo, sueñas lo mismo en cada recorrido matutino. Entonces te das cuenta de que te has aburrido de tu vida.