croyeong
Érase un día ideal para salir a trabajar.
Eso lo pensaría una persona optimista, abrigada por la luz del sol que se colaba a través de los edificios y bañaba la ciudad con color.
Pero Daniel no era tan optimista.
Con bolsas bajo los ojos y una mirada somnolienta recorría las calles repartiendo la tanda de periódicos a sus usuales clientes. Uno planchado para el señor Martin, otro para la señora Susan, y otro más para el señor Smith, que siempre le invitaba a una taza de café.
Tanto sueño tenía que no se percató de la presencia de una persona en la acera, y acabó por chocar contra ésta con la bicicleta sobre la cual viajaba.
Se puso de pie, sintiéndose adolorido por haberse golpeado la rodilla contra el pavimento, y buscó con la mirada a la desafortunada persona contra la cual había dado en seco.
¡Oh, no! Era tan temprano y ya se metía en problemas.











