He aprendido a coserlo, así, con amor. Porque después de haber sido destrozado en varias ocasiones, lo único que me queda es tratarlo bien, consentirlo, apapacharlo y dejarlo casi como nuevo.
Le bordó flores, le habló bonito y le digo que no se ponga triste, que ya llegara alguien que nos ame como somos y que nos acepte en su corazón, así como nosotros le guardamos en el nuestro.
Leregi Renga














