@drgleekvessalius
Por más que lo intentaba, no podía contener el torrente de recuerdos que le invadía en ese momento. Era más que consciente que aquél día no se trataba de él, que aquél día sus sentimientos no deberían ser lo importante, pero ver el ataúd en el que yacía December sólo conseguía recordarle el día en el que enterró a su esposa, a la única persona a la que se había permitido amar luego de todo su sufrimiento y tortura. Sabía que era egoísta, pero aquella era la primera vez en décadas que se sentía realmente mal por serlo; como si el día no fuese ya lo suficientemente malo.
Dio un paso hacia adelante, aún incómodo en aquél traje negro y normal que había comprado sólo para la ocasión, y descargó su mano sobre el hombro de Jaroth, quien era la verdadera víctima de los trágicos eventos de aquella semana. Una punzada en el pecho le detuvo de decir algo al darse cuenta que esa escena se repetiría mucho a lo largo de su vida inmortal: Max estaba condenado a enterrar a las personas que amaba y, eventualmente, también se vería obligado a enterrar al chico al que ahora abrazaba por la espalda. La vida no era justa, ni con él, ni con Jaroth, ni con nadie.
“Sé que no vale mucho, Jar-”, susurró con una voz débil y quebradiza, demasiado dañado entonces como para preocuparse por levantar sus defensas. “-Pero al menos nunca me perderás a mí”, agregó. No podía ofrecerle más que eso, más que la certeza de que Max iba a estar allí hasta el día que Jaroth diese su último respiro. Comprendía mejor que nadie el dolor de perder los seres queridos, y por ello mismo sabía que ofrecer palabras huecas sobre ‘el más allá’ y que es un ‘lugar mejor’ no serviría para nada.












