Ale me anunció la fecha final en la que le sacan ese otro cuerpo que habita en el suyo. Por las dudas le pregunté si el procedimiento era cesárea como estaba pactado desde un principio, o algún descubrimiento más reciente había cambiado la decisión de los médicos y al final se lo sacaban mediante exorcismo. Ella siempre responde con total seriedad a cualquiera de mis consultas, completamente consciente de que estoy afirmando disparates voluntariamente por el simple hábito de joder, pero sigue el guión porque desde nuestro principio decidió habitar el mismo universo que yo sin que le importe mucho nada. Tengo unas cuantas variables de posibles vínculos estables y el que compartimos con Ale hunde sus raíces en dos planos: la realidad más cruda en la que vivimos, nos contamos y nos apoyamos, y la fantasía más absoluta en la que vivimos, nos contamos y nos apoyamos.
Generalmente los seres vivos (algunos muertos también) mantenemos vínculos reales que se manifiestan en lo cotidiano, luego podemos o no idealizar a la otra persona, o tener ciertas expectativas a medida que avanza el vínculo, o esperar un mínimo de actitudes de la otra persona para con nosotros en función de nuestras acciones y actitudes. Cuando la idealización se destroza, las expectativas no se cumplen o las mínimas actitudes que esperamos de la otra persona no aparecen, recalculamos o mandamos todo a la mierda y vuelta a empezar, con otro vínculo, con otra persona. Con el caso Ale, ella está ahí siempre en todo, literalmente. Si un día le escribo preguntándole por qué tiene tres tetas me va a responder de inmediato con una argumentación sin fisuras. Si le cuento que soñé con ella me va a ampliar el horizonte explicándome por qué hizo lo que hizo en mi sueño.
Por eso cuando le dije que por las dudas pregunte si el líquido de su bolsa amniótica es bebible porque no estamos para desperdiciar nada, puedo dormir tranquilo sabiendo que dentro de unos días un doctor va poner cara de espanto cuando esa pregunta salga de su boca.