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Bueno, hace un año (dios qué vergüenza) @lili-chankotadore tuvo la amabilidad de pedirme un escenario con Nathaniel. Lo he hecho hoy, y espero que al menos le guste un poquito :<
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Sentado en un banco al otro lado de la acera, Nathaniel echó un vistazo rápido a su reloj. La cafetería había cerrado hacía diez minutos, por lo que Liliana no debería tardar mucho más en terminar de recoger. A medida que el otoño avanzaba, los días se iban volviendo más y más cortos, pero la temperatura aun era agradable. Una suave brisa sacudió el cabello rubio de Nathaniel, y él alzó la mirada hacia la cafetería.
Como movida también por el viento, la larga melena castaña de Lilian apareció tras una de las ventanas. Nathaniel comenzó a sonreír, pero a medida que iba absorbiendo información, sus sentimientos se fueron enfriando. Primero se preguntó cómo era posible que el viento agitara el cabello de Lilian, pero en seguida vio los bruscos movimientos que la chica hacía al dar pasos hacia atrás. Nathaniel se incorporó de golpe, dispuesto a irrumpir en la cafetería, hasta que se dio cuenta de que Liliana… ¿sonreía?
Mientras caminaba hacia atrás, Liliana levantaba los brazos y se reía, sacudiendo la cabeza. Instantes después apareció un chico con el mismo delantal de la cafetería; llevaba un spray de agua en la mano con el que estaba salpicando la cara de Liliana. La rabia que durante un segundo había ardido en el pecho de Nathaniel al creer que Liliana necesitaba ayuda se evaporó, dejando una incómoda sensación de vacío en su estómago al ver la sonrisa que Liliana le dirigía a ese chico.
De la misma forma que aparecieron en la ventana, desaparecieron. Y aunque Nathaniel se movió para intentar seguirlos con la mirada, no consiguió ver nada una vez se apagaron las luces de la cafetería. Cruzó la calle hasta la puerta, y ahí esperó hasta que minutos después salieron Liliana y su compañero dell interior. Charlaban amistosamente, y los enormes ojos verdes de Liliana brillaban. El vacío en el fondo del estómago de Nathaniel empeoró. ¿Exactamente quién era este tipo, con sus jueguecitos y sus sonrisitas?
–Buenas noches…– saludó Nathaniel con tono seco al acercarse.
Ambos se giraron para mirarle. Por un momento, la expresión de Liliana fue de sorpresa.
–Nath, hola– sin sonreír, Nathaniel mantuvo la mirada clavada en el chico de la cafetería, que se rebulló incómodo–. Ah. Te presento a Hyun. Hyun, este es Nathaniel.
–Ah, sí. Me has hablado de él– Hyun sonrió y le tendió una mano a Nathaniel–. Me alegra conocer a los amigos de Lili, encantado.
¿Amigos?
¿Lili?
Lentamente, Nathaniel estiró la mano y esbozó la sonrisa más encantadora que era capaz.
–Encantado. Perdona, yo no había oído hablar de ti. Bueno, de cualquier forma veo que ya estáis terminando.
Nathaniel se volvió hacia ella, su sonrisa menos brillante pero mucho más sincera. Con un gesto vago de la mano, señaló hacia el cielo, donde los tonos púrpura daban paso rápidamente al azul oscuro de la noche.
–Últimamente se hace de noche antes.
La forma en la que la expresión de Liliana pasó del desconcierto al asombro y de ahí a la alegría consiguió que la sensación de vacío en el estómago de Nathaniel se atenuara. Rápidamente, la muchacha se giró para terminar de cerrar las puertas de la cafetería y despedirse de Hyun. Cuando terminó, se colocó junto a Nathaniel antes de empezar a andar de camino al campus.
Caminaron un rato en silencio. El cielo se iba oscureciendo, y Liliana lanzaba miradas de reojo a las calles laterales. Nathaniel recordó la primera noche que se volvieron a ver, cuando aquellos imbéciles la tenían rodeada. Recordaba perfectamente la mirada de pánico en los ojos de Liliana, aquellos enormes ojos verdes y expresivos. Y al contemplarla mientras andaban, al darse cuenta de las miradas nerviosas que dirigía a los lados, Nathaniel se dio cuenta de que ella también recordaba perfectamente esa noche. De forma más clara, de forma mucho más dolorosa que él.
Nathaniel pasó un brazo por encima de los hombros de Lilian, atrayéndola contra su cuerpo. Ella era mucho más bajita que él, pero aun así le sorprendió lo frágil que la sentía contra su torso. Liliana alzó la mirada hacia Nathaniel.
–Gracias…– susurró ella.
A modo de respuesta, Nathaniel posó brevemente sus labios sobre la frente de Liliana. La notó dar un respingo, sorprendida, pero no se separó de él.
–Así que tu amigo se llama Hyun– comentó con tono casual.
–Bueno, quizás es demasiado pronto para llamarlo amigo
–No me pareció que fuera demasiado pronto para él…
–¿Cómo?
Liliana se detuvo, aunque Nathaniel intentó seguir avanzando unos pasos más sin girarse a mirarla.
–Nada…
–¿Estás… celoso?
Ante esa frase, Nathaniel se resignó a darse la vuelta. Clavó una mirada enfurruñada en Lilian, que parecía casi tan divertida como sorprendida ante esa situación.
–Te ha llamado Lili– una vez hubo verbalizado las palabras, Nathaniel se dio cuenta de lo ridículo que sonaba, de lo infantil que parecía su reproche–. Sólo había oído llamarte Lili a tus padres, a Kentin y a Rosa y Alexy… Bah, olvídalo.
–Nath…
–De verdad, es una tontería, déjalo.
–Nath.
–Sólo me sorprendió un poco…
–¡Nathaniel!
Nathaniel paró de hablar en seco, y observó cómo Liliana le dirigía una sonrisa nerviosa antes de desviar la mirada hacia una esquina. Pero en esa ocasión, transmitía otro tipo de nerviosismo. No miraba hacia los lados como intentando prevenir cualquier peligro. Parecía que miraba hacia los lados porque no se atrevía a sostenerle la mirada a Nathaniel.
–Me gustaría mucho que tú también me llamaras Lili…
Fue a penas un hilillo de voz, un susurro tan suave que durante un momento, Nathaniel temió habérselo imaginado. Entonces Liliana levantó la mirada hacia él, y al volver a mirar aquellos ojos verdes, algo se removió dentro de él. Acabó con la distancia que los separaba con a penas dos zancadas y posó sus manos sobre las mejillas de la muchacha, que comenzaban a teñirse de rojo.
–Lili– susurró, saboreando el nombre. Juntó su frente a la de ella y le sonrió–. Hay otra cosa que me gustaría decir al llamarte Lili.